Escort, para el amor la espera siempre es amarga.

Escort, para el amor la espera siempre es amarga.

Escort, para el amor la espera siempre es amarga.

Al comienzo de la obra una serie de imágenes cálidas se muestran revelando un núcleo emotivo fuerte y arraigado en el equipo de trabajo de “Escort, para el amor la espera siempre es amarga” donde visitamos la vida de un sujeto dedicado al trabajo sexual.

 

El paisaje nocturno de Buenos Aires da pie a que nos adentramos en los recuerdos de un solitario joven que convive con personajes marginales cargados de historias que abundan en ternura, compañía y también fantasías y deseo. Un juego en el que los actores se reemplazan, se acompañan y muestran un repertorio de situaciones que nos llevan a pensar en la intensidad de esas vidas, las que salen por la noche y que se abrazan en la más completa oscuridad.

 

Las actuaciones sentidas e intensas de sus actores, en un despliegue técnico cuidado y altamente convincente se presentan como los puntos fuertes de la obra, la que en momentos puede volverse repetitiva, sin que eso sea un obstáculo par disfrutar del trabajo a cargo de Nicolás Acosta.

 

La profundización en un mundo de transacciones sexuales, sus personas e historias, siempre intensas, con una emotividad recargada, a veces exagerada y no siempre correcta, son interpretadas con carácter y coraje por parte de sus actores, que nos dejan una sensación cálida en una obra impetuosa, arriesgada y que tal como su nombre pareciera indicar, nos invita a esperar por los dulces paisajes de la compañía.