Casa Poderiscracia: danza, teatro e intrigas.

Casa Poderiscracia: danza, teatro e intrigas.

Por Omar Martínez González y José Isla Hidalgo

Una obra de danza posmoderna con todas sus letras. Dirigida por Sebastián A. Reinoso, “Casa Poderiscracia” presenta una combinación de estilos de movimiento que bien podría calificarse como un collage en el que cada uno está vinculado a un personaje o a una situación del entramado interno de la obra. Su recorrido,nos acerca a la danza teatro y a una trasposición del modo en que las grandes obras de danza clásica nos han hablado de relatos universales de la literatura, sólo que esta vez no se trata de la trama de ninguna historia universal sino de una intriga cotidiana y melodramática con tintes televisivos: el ser humano frente al poder. Un poder mínimo, limitado, una herencia que por cuantiosa, suscita en los personajes de la obra un juego de pasiones que da rienda suelta a los movimientos y gestos que se entrelazan y la dotan de un lenguaje en clave absurdo.

El punto de partida es la muerte, representada por un títere, un recién fallecido que yace a la vista y que cobra vida y movimientos, lo que contrasta con la vitalidad de los cuerpos de las y los intérpretes. La interpretación de los personajes se apoya en su gestualidad facial: una villana que hereda o ambiciona el poder, un hombre que busca estar cerca de ella y que es asediado por otro hombre cercano a la familia, otra mujer más joven y con menos ambición pero que representa un obstáculo para la antagonista, una criada y un criado que conocen los secretos de la familia y que cuando nadie los ve sacan sus verdaderas pasiones, y es entonces cuando la sirvienta llora en secreto a su amante recién fallecido.

La servidumbre todo el tiempo en puntas de ballet en contraste con una postura y gesticulación fársica y burda; la villana o antagonista en ejecuciones de ballet clásico con algunas derivas hacia técnicas modernas, mientras que otras intérpretes sostienen fragmentos coreográficos con técnica moderna y alguno más hace aparecer técnicas más acrobáticas. Un verdadero collage o pastiche, que es acompañado por una selección músical que lo mismo suena una pieza clásica o una cumbia; incluso oiremos “Para Elisa” de Bethoween transformarse en una versión mucho más… contemporánea, esto último dicho con la misma ironía que despliega la obra.

Sebastian Reinoso nos convoca en Poderiscracia a asistir a un espectáculo que se trata de, además de un divertimento cargado de danza en múltiples estilos ejecutados correctamente, un cocktail que contiene altas dosis de ironía, de humor, farsa, teatro y el arte de los títeres, sin pretender presentar alguno de estos con elevada inspiración o maestría sino más bien presentando una visión expandida y lúdica de las posibilidades creativas de la creación coreográfica.

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