DIVERGENTE LA SERIE: LEAL (The Divergent Series: Alliegant, 2016)

DIVERGENTE LA SERIE: LEAL (The Divergent Series: Alliegant, 2016)

 Los juegos del crepúsculo en el laberinto del hambre

 

Sería una enorme necedad dentro del contexto actual negar el impacto y alcance de las novelas apuntadas al target Young Adult, según su término anglo. Este tipo de literatura joven/adulto que cuenta con exitosos exponentes como la saga completa de Harry Potter –con la propia J.K. Rowling como responsable directa de este fenómeno- Crepúsculo, Los Juegos del Hambre y Maze Runner entre las más populares, gira en torno de un tropo harto recorrido: la transición de la juventud/adolescencia hacia la adultez. Tal es el caso de la saga Divergente, que en esta ocasión desembarca con su tercer parte denominada Leal (The Divergent Series: Allegiant, 2016).

La saga cuenta la historia de Tris, interpretada por la talentosa y desperdiciada Shailene Woodley, una joven que vive en una de las pocas zonas del planeta tierra aún habitable –a raíz de algún tipo de cataclismo nuclear poco explicado hasta esta tercer entrega- donde se divide a las personas según sus capacidades: bondad, inteligencia, paz, audacia y honestidad. Por supuesto, la historia se pone en movimiento cuando nuestra protagonista descubre que no es igual a los demás, ella es lo que llaman una “divergente”, porque puede tener múltiples capacidades, y según nos deja saber la lógica interna del relato eso es algo que aterra las autoridades. Sí, si pensaron que es una de las analogías más blandas jamás elaboradas, respecto de la forma en que la sociedad castiga al ser distinto que desafía al status quo, no pueden estar más acertados.

La primer (Divergente, 2014) y segunda entrega de la saga (Insurgente, 2015) se encargan de mostrarnos el modo en que Tris y sus aliados destruyen este mecanismo social, descubriendo que hay vida más allá de los muros que han sido una supuesta durante los últimos 200 años, y lo suyo no fue más que un experimento científico-social, dirigido por una sociedad superior situada más allá de la ciudad amurallada.

Este nuevo capítulo encuentra a los personajes emprendiendo el viaje hacia esta ciudad idílica donde viven aquellos que los utilizaron como conejillos de india, quienes por supuesto tienen un gran interés por Tris y sus habilidades únicas. Al mismo tiempo la guerra se desata en su antigua ciudad, entre aquellos que quieren aprovechar el caos para llegar al Poder y volverse irónicamente un nuevo régimen autoritario, igualito a aquel que acaban de derrocar. Si, este es el nivel de doble lectura político-social que maneja la saga, no esperen nada de mayor altura… tómenlo o déjenlo.

La intriga respecto de qué hay más allá del muro es resuelta rápidamente. Una buena porción del misterio se pierde mientras atravesamos el primer acto y los protagonistas son llevados a esta base científica donde las cosas no serían tan idílicas como suponemos y como todos los indicios sugieren, sin ninguna sutileza. Desde este punto en adelante la trama central mantiene a Tris indecisa entre ayudar a estos científicos, o hacer caso a Four (Theo James) su novio, quién sospecha que hay algo turbio detrás de todo esto.

Como toda obra cinematográfica anclada en la Ciencia Ficción distópica, Leal muestra un trabajo detallado respecto de la estética apocalíptica que envuelve la acción. Hay un correcto diseño de arte, que dota de estilos totalmente propios a los sectores devastados, los rincones de la resistencia y el complejo científico. Esta tercera entrega muestra aún más la diferencia entre los estratos sociales, y hay un mayor despliegue artístico visual, necesario para representar ese nuevo espacio pulcro y de avanzada que se torna el eje central de la trama.

Dichos efectos visuales están a la orden del día, al nivel de una producción de este calibre, pero abusando más de lo debido de la pantalla verde (conocido técnicamente en la industria como Croma). En más de una secuencia se vuelve claro que los actores están interactuando con la nada misma, con un paisaje que alguien recreó meses más tarde en post-producción sentando frente a una computadora. En varios pasajes este exceso de retoques digitales genera secuencias un tanto estériles, sin la fuerza que el relato requiere. El trabajo de cámara y el montaje no se destacan por nada en particular. Estéticamente lo más interesante a nivel composición de imagen puede apreciare en los múltiples planos dedicados a mostrarnos esos páramos abandonados, los últimos vestigios de lo que era la vieja civilización, con sus edificios derruidos, las calles en las cuales ahora crece el pasto y el desierto radioactivo donde sólo se divisan viejas antenas demolidas.

Shailene Woodley es una actriz que desde su debut sorpresivo en Los Descendientes (The Descendants, 2011) siempre demostró estar a la altura de todas las producciones en las que participó. En Leal hace lo que puede con un personaje atrapado dentro de las propias limitaciones impuestas por el guión. Algo similar sucede con Naomi Watts, Octavia Spencer y Jeff Daniels, todos actores capaces pero encorsetados en personajes bastante bidimensionales.

Al igual que en otras sagas dentro de este sub-género, posiblemente el mayor gafe de Divergente y su última entrada Leal sea querer abordar temáticas sumamente profundas como el paso a la adultez, la división social y la política del Poder, pero con la profundidad de un libro de autoayuda o de esas frases que encontramos dentro de una galleta de la fortuna. Cosas que suenan lindas pero olvidamos completamente en el instante en que terminamos de leerlo. Como probablemente suceda con la saga Divergente y sus subsecuentes continuaciones.