Gilda

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Gilda

Un modelo alternativo de lo femenino.

La película Gilda: no me arrepiento de este amor emerge en un momento peculiar. Han pasado veinte años de la muerte de Gilda, la más icónica cantante de cumbia nacional, cuyas canciones están cada vez más presentes.

Este jueves llega a la pantalla grande una de las películas más esperadas del año, pero es mucho más que eso, es una biopic de una de las cantantes populares más queridas por el público. Filmada en ocho semanas, tras un exhaustivo trabajo de investigación a cargo de su directora Lorena Muñoz, quien es reconocida por sus realizaciones como documentalista.

El film Gilda: no me arrepiento de este amor inicia con imágenes de archivo de los noticieros que dieron a conocer la trágica noticia, el 7 de septiembre de 1996 Gilda fallecía abruptamente. Estas imágenes dan paso a la “neta ficción” pues es notoria la formación de documentalista e investigadora de Lorena Muñoz, en este su cuarto largometraje, que si bien es una ficción basada en acontecimientos reales, tiene una impresión de realismo que lo asemeja a un “docu-ficción”. Muñoz, preocupada con frecuencia por llevar al cine temas culturales y figuras emblemáticas, como Ada Falcón en Yo no sé qué me han hecho tus ojos (2003) o varios de sus documentales para el ciclo televisivo Soy del Pueblo -emitido por canal Encuentro- donde realizó programas dedicados a Gilda y a Mecha Ortiz, entre otros. Esas inquietudes están plasmadas nuevamente en esta película, procurando no juzgar a Gilda, sino entenderla.

Myriam Alejandra Bianchi, más conocida popularmente como Gilda, es interpretada magnéticamente por Natalia Oreiro, a quien no sólo le corresponde el physique du rôle para encarnar el personaje, sino también su dulzura e impronta naturales. Es notable el trabajo actoral de Oreiro quien realiza una conmovedora interpretación, en la cual se destacan su desempeño corporal y vocal. En su onceavo largometraje Oreiro, interpreta a aquella mujer que a los treinta años de edad decide romper con su cotidianidad enmarcada en ser maestra jardinera y madre, retomando aquel sueño que dejó en su adolescencia. El anhelo de ser cantante, el cual estaba guardado -tal como lo retrata el film- junto con la guitarra de su padre, quien le hizo conocer la música.

Ni bien se dió a conocer este proyecto tuve una enorme inquietud recordando una telenovela que quedó impregnada en mi retina: Muñeca Brava, un clásico melodrama. Allí Oreiro interpretaba a Milagros/Cholito, una joven que era fanática de Gilda. Desde entonces me he preguntado si eso era un planteo de guión o una ocurrencia de la actriz. En la conferencia de prensa pude evacuar esa duda, al respecto y en cuanto a su trayecto hasta el film, la actriz respondió lo siguiente: “Sí, cuando yo hago Muñeca Brava mi personaje iba a una bailanta y yo dije bueno vamos con la pollera colorada a cantar a Gilda, pero ahí la voz era la de Gilda. Luego recuerdo que nos invitaron al festival de Gualeguaychú, y yo dije ¿la ruta no es la misma donde está el santuario de Gilda? Por favor paremos a filmar, y mi personaje dormía con una remera de Gilda, y eso era algo que lo hacía yo porque siempre la admiré muchísimo (hace una pausa emocionada)… A mi ella me inspira mucho a creer en mí, es una persona que sobre el escenario incentivaba a los demás cumplir los sueños. Y si bien es cierto no todos los sueños son posibles, el hecho de intentarlo solamente y de todos los días levantarse con una motivación hace que la vida sea un mejor lugar para transitarlo. A mí me llevó más quince años cumplir este sueño, agradezco que no haya sucedido antes porque no tenía la experiencia ni la edad para interpretarlo, ya me estaba poniendo un poco vieja (riéndose) por suerte llegó el día y lo pude hacer, y estoy re contenta.”

Gilda: no me arrepiento de este amor no es sólo un film que retrata el nacimiento de una estrella, es además un hermoso esbozo sobre la vida de una mujer que era esposa y madre, que decide renacer y buscar su verdadero yo. Al comenzar su carrera, Gilda tuvo que librar una doble batalla: por un lado, contra su entorno familiar y sus prejuicios, y por el otro, frente al mundo de la música tropical con sus estereotipos y sus mafias. Tras la insistencia en su sueño de cantante, la dualidad en Gilda se hizo cada vez más grande, tal como lo explicita formalmente el film mediante un aviso clasificado del diario: “Maestra infantil” y/o “Se busca voz femenina”. Las diferencias con su marido Raúl (quien al igual que muchas otras personas del entorno de Gilda dio testimonio al equipo técnico para la realización) se intensifican al punto tal de evidenciar cierto machismo y posesión de su parte en el personaje interpretado por Lautaro Delgado. Tal como cuenta la canción de Gilda “Sigo el Ritmo”: “Se fue a dormir porque ya era tarde y yo me iba para el baile”, pues su marido quería que Gilda siga siendo solamente ama de casa y maestra.

En dicho sentido es notable la intención de la directora por querer resaltar el Feminist power de la protagonista. Gilda era una mujer en un ambiente machista, incluso una mujer que transgrede los cánones de belleza que debía tener una cantante de bailanta de aquel entonces. No sólo desde su físico, sino también desde su personalidad romántica. Gilda no era un mero producto musical como otras, ella escribía sus propias canciones y cantaba a su manera sin parecerse a nadie más. Era sin dudas una mujer que sabía plantarse en un mundo de hombres, sin necesidad de ser ruda pero con un espíritu fuerte. En dicho sentido, una de las escenas más significativas que resalta su potencia femenina es cuando se recrea la visita de Gilda a una prisión de hombres, en la cual incluso bailaba con ellos.

Un aspecto interesantísimo del film es que Muñoz, salvando las distancias, al igual que Pasolini, tomó personas de la vida cotidiana y las trasladó a su obra. En la película aparecen fans reales de Gilda y actúan varios de sus músicos que sobrevivieron al accidente, y el hijo de uno de ellos, interpretando a su propio padre fallecido en la tragedia. Incluso el fotógrafo que le tomó a Gilda la emblemática foto con la corona de flores para el disco “Corazón Valiente”, actúa de sí mismo recreando aquella sesión fotográfica. Todos estos elementos dotan a Gilda: no me arrepiento de este amor de realismo y emoción, que incluso a pesar de saber los acontecimientos, nos mantiene intrigados de principio a fin.

Gilda: no me arrepiento de este amor es el renacer de su identidad, de Myriam a Gilda, logrando ella traspasar las fronteras de clase social y género. Con su música y su personalidad Gilda captó todo tipo de público volviéndose un icono popular que trasciende más allá del tiempo y del espacio. Porque aún resuena aquel “Yo soy Gilda” (único momento en el cual se utiliza en el film la voz original de Gilda), que produce un eco que resonará por siempre. En la película Oreiro interpreta imitando sus fraseos y su respiración las siguientes canciones: “Corazón Herido”, “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Tu Cárcel”, “Corazón valiente” y “No es mi despedida”. Esta última fue una de las últimas composiciones de la artista y en la cual radica uno de sus mayores misterios que potenciaron la santificación de su imagen.

El resultado de Gilda: no me arrepiento de este amor es la creación de dos conocedoras fans (Muñoz y Oreiro) con gran profesionalismo que se unen en un “sueño compartido” –así lo llamaba la directora en la conferencia de prensa- para realizar un film y una interpretación que traspasan la pantalla, pues la esencia de Gilda está allí presente en un respetado y sentido homenaje.

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