Un juego de pasiones desmedidas

Un juego de pasiones desmedidas

“Cuento lo que no se suele contar, lo que da vergüenza, lo que intimida, lo que existe pero se vela” Sofía Guggiari


 

A Sofía Guggiari le encanta merodear los bordes, salirse, explorar las voluptuosidades y retar a los pudorosos. Así lo hace en Te amo tanto porque te he matado 2, obra escrita y dirigida por ella, y en la que actúa junto a Melina Lozano, Alejandro Scotti, Pablo Toporosi, Sara Llopis, Sebastian Man y Sebastian Buzio. Todos ellos se convierten en los habitantes de una pensión, cuyos cuerpos inflamados de deseo empezarán a traslucir historias que el recato desprecia.  

La experiencia teatral que propone Guggiari empieza en la puerta del Teatro Habitándonos, y desde ese momento El plomero, El policeman, Fantasía, Olor a podrido, Insatisfecha, La nena y A flor de piel irán de un lado al otro y se mezclarán entre los espectadores. Luego todo se sabrá, se conocerán las historias de aquellos que potenciaron el cuerpo del ser amado hasta volverlo un objeto de pertenencia o de exquisito deslumbramiento. Hay quienes se rescatan a sí mismos y a quienes amaron con la muerte, y quienes soportan impúdicamente la ausencia del que no llega, del que se fue, del que murió antes de tiempo. 

Vasta decir que Sofía Guggiari, de 26 años, conocida además por ser nieta del célebre actor, director y dramaturgo Eduardo “Tato” Pavlovsky, estalla en sinceridad…

 

En 2012 fue el estreno de Te amo tanto porque te he matado 1 ¿Por qué hacer una segunda parte de esta obra?

S. G: Por un lado, como vos misma lo decís, es una segunda obra. Podríamos decir, otra obra. Pero por otro lado, algo todavía pedía ser desarrollado, yo sentía que algo faltaba, como si la primera parte pidiera ser continuada. De hecho, la última función de Te amo tanto 1 fue a mí parecer la mejor. Esa fue la obra, la ultima función. La idea de jugar con el mismo título para la parte dos, me daba la sensación de estar jugando con una estética que poco se ve en teatro: la idea de la segunda parte de una película de terror. Algo que pudiera resonar mucho en mi generación, sin importar tanto un juicio intelectual. Y también seguir con una dinámica que había funcionado -la de los monólogos- con ideas que todavía faltaba explorar, tanto en lo estético como en la idea que quería mostrar, de lo que quería hablar.

 

Los monólogos no sólo introducen a los espectadores en una especie de confesionario o momento de complicidad ¿hay una intención de generar una experiencia erótica o en su defecto, repulsiva?

S. G: Hay una intención de generar una experiencia en el público, sea lo que sea. Retomo un poco la idea de la experimentación, de la intervención sobre un producto terminado. En este sentido me gusta hacer participar al público, que éste pueda vivir una experiencia activamente, que no  solo se siente a ver como otros actúan, sin llegar a involucrarse. No se por qué esa idea me aburre. Entonces hay una intención de generar algo distinto, y se que hay cosas que al sujeto, por decirlo de alguna manera, lo incomodan, lo hacen sentirse tocado, lo levantan, lo cuestionan: el sexo y la muerte, a mi parecer. 

Me gusta mucho leer cuentos eróticos, la literatura erótica me llama mucho la atención, me llama la atención cómo solo leyendo me pueden pasar tantas cosas en el sentido de la sensualidad. El Marqués de Sade, aunque más que erótico es un diccionario de la perversión, fue uno de los autores que me introdujo en este género. También tengo un blog: cuentoseroticosyalgomas.blogspot.com.

Y dentro del erotismo a veces también hay experiencias que pueden repugnar como el incesto, pero tampoco es nada loco, digo, no inventé nada. Cuento lo que no se suele contar, lo que da vergüenza, lo que intimida, lo que existe pero se vela. En este sentido, cuando el espectador escucha historias eróticas o de relaciones con una madre, por ejemplo, al sujeto le pasan millones de cosas, a veces no quiere escuchar ni mirar y eso también es una experiencia.  

La dramaturgia es de gran visceralidad poética, y se desborda en descripciones e imágenes vívidas ¿de qué se nutrieron los textos de los personajes en el momento de su creación?

S. G: Yo empecé escribiendo de modo terapéutico. Escribía, punto. Escribía casi autobiográficamente, o cosas que fantaseaba. Imágenes, historias, relatos. Hay una diferencia muy clara para mí entre Te amo tanto 1 y 2: en la 1 era más vómitos de sensaciones, mientras que en la 2 los textos se alejan de mí para empezar a ser encuadrados en algo más técnico, un encuadre más profesional. Soledad Velasco, quien co-dirige conmigo y me asistió y corrigió los textos de esta segunda parte, me dijo cuando me dio una devolución de los monólogos: “parece que todos tienen una misma voz, estaría bueno que no pase eso, que cada uno tenga su manera de hablar”. Me dio una ayuda que refería a la técnica, cosa que yo no tengo para nada, nunca estudié dramaturgia. Estudio psicología que es una fuente muy grande de historias que justamente tratan sobre los bordes, sobre la falta de límites, las perversiones, las locuras.

Necesitaba hablar sobre sexo, hablar sobre las pasiones desmedidas, sobre la falta de límites, sobre la necesidad de pasar al acto, de lo insoportable del amor… Fue más una necesidad de hablar y escribir sobre eso, que la idea de hacer una obra que hable de eso.

¿Qué tanto influyen tus estudios de psicología en el momento de construir un personaje?

S. G: Muchísimo, de hecho cuanto más avanzo en la carrera más material me da para pensar en un personaje. Estamos todo el tiempo leyendo casos de psicosis, delirios, neurosis más fuertes, asesinatos, perversiones…. Me encantan esos temas y creo que no está mal satisfacer cierta morbosidad que tenemos siempre y cuando sea en un encuadre como el arte, en este caso el teatro, para eso está también, para sublimar. Me ayuda también a pensar que haría este o este otro personaje según estructuras psíquicas, y bueno, el psicoanálisis está muy relacionado con el teatro, temas como la sexualidad y la muerte son bases para explicar muchas cosas desde el psicoanálisis. Las pasiones reprimidas, la sexualidad infantil, las mociones incestuosas, Edipo, temas que se encuentran en las relaciones entre estos dos puntos fundamentales para el sujeto, y que nos separan de los animales. La sexualidad ya no solo para la reproducción, y saber que nos vamos a morir.

 

Siendo el sexo y la muerte permanentes tópicos del arte ¿de qué modo los exploras para lograr ponerlos en escena con originalidad?

S. G: Siempre pienso eso, pienso, al final no es nada original de lo que hablo, sexo y muerte (risas), temas del teatro desde Shakespeare para acá. Así que es un halago lo de original. Gracias. No sabría qué contestarte porque no se si pienso o es algo premeditado o está calculado hacerlo de tal o cual manera. Es muy propio, muy sincero, con todo lo malo y lo bueno que tiene esta cualidad a la hora de exponerlo, más en un circuito tan cruel como lo es a veces el teatro off en capital. Es algo que me surgió, como dije antes no pensé hablar de eso. Lo hacía, lo escribía, quizás eso tiene un sello, que es muy personal, no buscado. El sexo y la muerte son dos significantes que tanto nos cuesta al sujeto elaborar, poner en palabras. Dos momentos de vacío, de entretiempo que nos dejan sin saber que responder. Y también creo que la condensación de los temas impacta mucho más, pasar de amar a matar, de tener sexo a no verse nunca más. Son oposiciones que quizás, muy de cerca, son la misma pasión invertida. 

Quizás por la referencia de la literatura erótica no me daba miedo poner un monólogo que describiera una relación sexual, con todo lo que eso implicaba. No me daba pudor hablar del incesto, ni de una relación de una profesora con su alumna -monólogo que va estar de invitado- así tan despojadamente como sucede en Te amo tanto… Me gusta cuando la gente se siente identificada, se ríe o llora, o incluso que no mire, me gusta. Que haya un encuentro actor espectador, sin prejuicio, lúdico, despojado, como es, creo yo, la obra.

 

¿Cómo fue la selección de los actores y qué tanto aportaron a la puesta final?

S. G: Dos de las actrices, Sara y Melina, son del año pasado, y todos los demás actores hombres curiosamente se fueron.  Los dos Sebastián ya habían participado de la 1 a modo de invitados -tenemos la modalidad de invitar actores para que hagan monólogos-, y Alejandro y Pablo me preguntaron si podían estar. Alejandro nunca había estado en una obra, es muy iniciado, pero tiene una potencia y una calidad que sorprende. Como veras, la selección de actores no es algo que a mí me importe mucho, no es que hago casting ni pruebo. Lo que más me interesa es que el actor esté entusiasmado, que le guste, que sostenga y proyecte con la obra, eso vale más que un Robert De Niro, por lo menos para lo que yo creo del teatro. También soy muy novata y creo que estamos aprendiendo entre todos. Siempre fueron escuchados, si alguien decía algo sobre la puesta o dirección era tenido en cuenta y hasta se modificaba, pero claramente la puesta y dirección estaba en manos de Soledad, Andrea y yo.

¿Algo escrito o en mente para el futuro?

S. G: Algo, pero me gustaría terminar la carrera para dedicarme a eso. Voy a estar el 9 y 10 de agosto en el Festival El Porvenir (El Porvenir: El Festival de directores de teatro de menos de treinta años de edad) con una pequeña obrita que escribí, que trata un poco de todo lo dicho antes… Pero no sé… La verdad no se qué voy hacer en la vida del espectáculo (risas). Y estreno en septiembre una obra de Norman Briski, él hace la dirección general: las Nereidas.

¿Qué valor le das al teatro en tu vida?

S. G: El teatro me vino medio de mandato. Mi abuelo – Tato Pavlovsky-, mi tío, mis tíos políticos, mi hermano -Ramiro Guggiari-, todos hacemos teatro. Está ahí y me siento cómoda y lo tomo. Como algo en lo que me siento segura. A veces lo odio. A veces si estoy mucho en actividad me canso y me alejo, y estoy medio año que no quiero saber nada, como una relación amor- odio, pero no puedo dejarlo nunca.

Ahora no se si está bien o mal, justo el teatro para mí es un lugar de mucha exploración, de juego, de despojo, porque creo que desde ahí solo puedo crear y actuar… Sin prejuicio.  Siempre hay exigencias, mandatos, juicios y está bien que los haya, pero el motor, el empuje que me da ganas de hacer teatro tiene que ver con la exploración, para que podamos jugar más y descubrir más cosas. 

El teatro está para eso, para que lo tomemos, juguemos, nos metamos a jugar en serio. Pero a jugar despojadamente. Probar deshacer, sin esperar ser mejor o el mejor, no sé, eso no me lleva a ningún lugar feliz… Un teatro para la gente, para el taxista, el verdulero, el quiosquero, el médico, el técnico en computadora. Hacer teatro para salir de la rutina, meterse en los bordes y poder salir.

 

Funciones

Viernes- 22 hrs. 

Teatro Habitándonos

Valentín Gómez 3100

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Localidades: $ 50,00 

Reservas: 4862 9910/ 

Web:  http://www.habitandonos.com

Facebook: https://www.facebook.com/TeAmoTantoPorqueTeHeMatado?fref=ts

 

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Sofía Guggiari

Actúan: Sebastian Buzio, Sofía Guggiari, Sara Llopis, Melina Lozano, Sebastián Man, Alejandro Scotti, Pablo Toporosi

Vestuario: Melisa Califano

Diseño de luces: Te Amo Tanto Por Que Te He Matado 2

Realización de escenografía: Andrea Martínez Pirez, Emilio Pirez

Fotografía: Juan Esteban Ángel

Diseño gráfico: Alejandro Scotti

Asistencia de dramaturgia: Soledad Fernández Velasco

Asistencia de dirección: Andrea Martínez Pirez

Prensa: Sonia Novello

Puesta en escena: Soledad Fernández Velasco, Sofía Guggiari, Andrea Martínez Pirez

Co-Dirección: Soledad Fernández Velasco

Dirección: Sofía Guggiari