Lecturas: En la cancha se ven los pingos.

Lecturas: En la cancha se ven los pingos.

La obra de Fernando Prim, lleno de historias transgresoras de dos mundos que parecen lejanos, ilustrado por Max Vadala, aturde por su intensidad.
Quizás el lector no esté habituado a este mix de relatos disimiles que se entremezclan con la lograda estética que se aprecia en el fanzine Bs As Desorden.
Quizás el lector vea a alguno de los autores y lectores de este libro y se horrorice de esa muestra de rebeldía ante este mundo, un combo de sonidos metálicos cuero, jean, cresta, teñido, piercings y tatuajes, mientras se escucha de fondo el punk ska antisistema…

Eso, exactamente, es “En la Cancha se ven los pingos”.

En la cancha se ven los pingos. Editorial Tren en Movimiento

En la cancha se ven los pingos. Editorial Tren en Movimiento

En el filo de la cresta, incrustada de metal, con tatuajes cicatrices de anécdotas historias con el olor del cuero de la pelota rompiéndola en el potrero.
Es el jean y el algodón de los pibes jugando en la canchita, con la pelota de trapo, hecha de medias.
Por que los botines son borcegos, y la canchita siempre espera a los guapos que se la bancan.
Quizás quienes no conozcan la cultura ska, punk y sus derivados, como alternativas a aquello que nos oprime , se les escape o no entiendan algunas situaciones.
Pero el fútbol ese sentimiento compartido, inevitable, arrasador, que atravesó al escritor de este libro, nos une de nuevo.

Se disfruta, porque lo barrial, la birra en la esquina, la canchita de tierra, se re-conoce.

Con las aventuras de Prince, alguien que quiso ser y no fue, en el barrio de Gerli.
Gerli, barrio de Avellaneda.
Simples palabras para traer a esta lectora la memoria el olor del barrio, podrido del riachuelo, olor de coimas de quienes poco le importa el salud de la ribera.
De la Salada a la Matanza, de Avellaneda a Lomas de Zamora.
Ribera llena de adolescencia trotando por las vías metiéndose en los yuyales a besar a algún chaboncito, explorar con los amigos las fabricas abandonadas que supieron ser la gloria de anarquistas y socialistas, disfrutando las murgas y el corso familiar, tardecitas de sábado mirando los pibes jugarse un fulbito, viendo como el polvo se arremolinaba entre patadones y pataduras.
Tomando cerveza del pico en alguna esquina cuando terminaba el partido.
Y sonreír con ansias de conquista al que apuntó al arco con más fiereza.

Porque no importa el que mete más goles, sino, el que se planta y patea.

En la cancha se ven los pingos, es esa lectura recomendada para los pelotudos enamorados mal del under.
Aunque nos duela o no nos entiendan. Que para eso uno se enamora.

Un libro para rescatar, que la Editorial Tren en movimiento supo lanzar, para ponernos en marcha.

Let´s take the Train to Skaville.