Revistas culturales, agendas de literatura: “Panorama de la Literatura Argentina Contemporánea” de Grosso y Marsimian

Revistas culturales, agendas de literatura: “Panorama de la Literatura Argentina Contemporánea” de Grosso y Marsimian

Panorama de la literatura argentina contemporánea, de las profesoras Silvina Marsimian y Marcela Grosso, es un libro publicado en 2009 por la prestigiosa Santiago Arcos editor dentro de la colección Para leer. Las autoras proponen un recorrido por cincuenta años de historia de la literatura nacional en apenas unas 130 páginas. No obstante, la tarea que en principio parece imposible se logra por la inteligente elección a partir de la cual se encara semejante empresa: las revistas culturales. Bien lo sabemos, el periodismo cultural sirve a los actores para legitimar ciertas literaturas, operando así en la construcción del canon artístico. Las publicaciones culturales, mediante estrategias de selección y jerarquización, ofrecen una vista panorámica ancha e interesante si se quiere observar qué textos y autores integran la “literatura argentina”.

Panorama Literatura Argentina Contemporanea

Cinco capítulos componen esta obra, abarcando una historia surcada por continuidades y desplazamientos, a partir de la literatura y la crítica mediática que parte de los cincuenta y llega a los albores del nuevo milenio. La década del 50 presenta la hegemonía de la aristócrata revista Sur, la reputación de las novelas Adam Buenosayres (Marechal), El examen (Cortázar) y El túnel (Sábato) y de sus respectivos autores, y la irrupción del gesto parricida de Contorno, fundada por los hermanos Ismael y David Viñas y cuyo enfoque sociológico inicia una relectura de la tradición cultural y literaria. Asimismo se evidencian las nuevas propuestas estéticas en poesía a través de los aportes críticos de A partir de cero, Letra y línea y, fundamentalmente, Poesía Buenos Aires, dirigida durante treinta números por Raúl G. Aguirre, poeta adscripto al invencionista grupo Arturo fundado por Edgar Bayley, a su vez, codirector de la revista.

La imbricación entre el experimento lúdico y las formas populares parece ser central en los ´60. Otra vez destaca Cortázar y su nuevo gran juego Rayuela, también lo hacen la novelística de Puig ─entre lo folletinesco y lo hollywoodense─ con Boquitas pintadas y La traición de Rita Hayworth, y el periodismo novelado de Walsh y su tríada Operación masacre, Caso Satanovsky y ¿Quién mató a Rosendo? En los vericuetos de la poesía destaca la importancia del coloquialismo estético, característica que venía gestándose desde mediados del decenio anterior, y revistas como Zona de la Poesía Americana y La Rosa Blindada, originariamente un sello editorial creado por José L. Mangieri. El innovador hebdomadario Primera Plana, dirigido en sus comienzos por Jacobo Timerman, las revistas literarias El grillo de papel y El escarabajo de oro, ambas fundadas y dirigidas por Abelardo Castillo, y el Instituto Di Tella, fueron destacados órganos difusores de cultura y literatura.

Surgido de la unión del empresario Federico Vogelius con Ernesto Sábato, el mensuario Crisis constituye la publicación puntal dentro de la conformación del canon durante la convulsionada década del 70. Llegó a tener una tirada de 34.000 ejemplares y estaba destinada a un público culto de clase media compuesto en parte por la juventud peronista. Dentro del staff se hallaban muchas figuras destacas, entre ellas, Aníbal Ford (uno de los más lúcidos intelectuales del país), Jorge Rivera, Eduardo Romano, Haroldo Conti y Juan Gelman, los cuales revalorizan las zonas de la cultura popular y los géneros “menores”, que usualmente eran poco apreciados por la cultura hegemónica. Libro de Manuel de Cortázar es una de las novelas más importante por la controversia que generó al instalar la problemática entre el quehacer literario y la figura del escritor, el compromiso y la poiesis. Tristemente, las vidas de Conti, Urondo y Walsh fueron el alto precio que la dictadura obligó a pagar al arte comprometido por su participación en la política revolucionaria. El regionalismo, por su parte, adopta un nuevo aire con Daniel Moyano (El trino del diablo) y Héctor Tizón (Fuego en Casabindo y El cantar del profeta y del bandido), los dos con influencias de la narrativa de Rulfo, la cual entre otras cualidades se ha destacado por su humanismo y laconismo regionalista. La austeridad verbal y el despojamiento fueron asimismo trabajados por el notable Antonio Di Benedetto en El silenciero, novela publicada en 1964 pero reeditada con alteraciones en 1975. Los libros pasaría a ser la obra que, al poner foco en escritores ninguneados por los editores y críticos, volvería a revisar la literatura oficial. El psicoanálisis lacaniano, el marxismo de Gramsci y Althusser, y la lingüística son corrientes que sirvieron a que pensadores como Sarlo, Piglia, Masotta, Rosa, Ludmer, García, entre otras luminarias, construyeran un discurso crítico moderno, sobre no sólo literatura sino también otros campos de estudio. Bajo la dirección de Germán García, Literal será otro medio de difusión que pondrá énfasis en la experimentación a partir del lenguaje psicoanalítico, en este caso lacaniano (inicialmente difundido por Oscar Masotta). Héctor Libertella, Oscar Steimberg, Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán, se contaban entre sus firmas, quienes discutieron a partir de la premisa literaria de eliminar la prepotencia del referente. Décadas de literatura realista se demolían con el fin de fortalecer la palabra.

En la siguiente década, la del 80, Punto de Vista fue el espacio más prestigioso de difusión de la cultura. Creada en 1978 por Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, la revista reunió a los pensadores de izquierda que vieron la posibilidad de redefinir su papel en un nuevo proceso de organización político institucional del país. El Consejo de Dirección, que a partir de 1981 tiene a Sarlo como su directora, admite su posición de la herencia de “la línea crítica que pasa por la generación del 37, por José Hernández, por Martínez Estrada, por FORJA, por el Grupo Contorno”. Los trabajos de Di Benedetto (sobre todo su novela Zama) son destacados tardíamente recién en este decenio. Sobresalen el notable Juan José Saer (Nadie nada nunca, Glosa), Piglia (Respiración artificial), Juan Martini (La vida entera) y Andrés Rivera (con su ciclo de novelas ambientadas en la constitución del país durante el siglo xix, el cual empieza con En esta dulce tierra). La imbricación entre ficción y verdad es uno de los rasgos de esta narrativa, con lo cual el espacio ficcional entra en discusión, pues todo ─según Piglia─ es susceptible de ser trabajado a partir de la ficción. Se encuentra de esta manera un método para acceder a los archivos del silencio y así poder hablar de temas tales como la derrota, el horror y el resquebrajamiento de “la” historia. En el plano de la poesía debe subrayarse a Diario de Poesía (dada a conocer por Daniel Samoilovich en 1986), publicación que tuvo que trabajar a partir de los escombros, pues los años de plomo habían provocado un corte abrupto del discurso poético. Allí se dieron a conocer poetas de la imaginación dialógico-cósmica de Diana Bellessi, junto con Gianuzzi, Leónidas Lamborghini y, entre otros, el neobarroso Néstor Perlongher.

El último período es la década del 90 y lo que surge a partir de la crisis de 2001, momento en que la figura del intelectual tal como se produjo en la modernidad clásica había quedado perimida tras la caída de los regímenes comunistas europeos y la adopción de políticas neoliberales. Punto de Vista continuó siendo el lugar de debate, pero esta vez se subió a la lucha contra el neopopulismo intelectual, ya que observaba que este generaba una modorra reflexiva a favor de la banalización. En cuanto a obras, Los pichiciegos de Rodolfo Fogwill y Las islas de Carlos Gamerro impulsaron el ciclo de la guerra de Malvinas. Villa de Gusmán, Dos veces Junio de Kohan y El secreto y las voces de Gamerro son algunos ejemplos de la recuperación “del ‘enigma’ argentino desde perspectivas que atañen fundamentalmente a la escritura”. César Aira es el escritor que toma fuerte impulso por el artificio literario y la originalidad de sus relatos y, a su vez, Borges vuelve a ser interpretado. De otra parte, salida de miembros congregados en el grupo Shangai, hace su aparición Babel. Revista de Libros, cuyos miembros toman distancia de la literatura social o realista de los 1960 y 1970 y se sirven de su participación en espacios académicos, medios gráficos, radiofónicos y audiovisuales. Otro panorama de la literatura se da en los intelectuales nucleados en torno a la “Biblioteca del Sur” y el suplemento Radar de Página/12, conformado por Juan Forn, Lanata, Saccomanno y Figueras. Se impone así, de acuerdo con Saítta, la polarización entre experimentalistas y “narrativistas”. Asimismo, Con V de Vian de Segio Olguín sería una revista con varios puntos en común con los “planetarios” o narrativistas. En poesía despuntan Casas, Desiderio, Gambarotta, Rubio, y muchos otros. Se hace un rescate de la poesía coloquial de décadas pasadas ─tan vapuleada por los neobarrocos─, agregan otras voces (Pizarnik, Aira, O. Lamborghini, Zelarrayán, Carrera, etc.) y destaca el trabajo de Bellessi. Finalmente, Josefina Ludmer, alude a las escrituras postautónomas del nuevo milenio para referirse a la literatura que no se deja leer estéticamente por hallarse ubicada en el fin de la era de autonomía del arte. La Web será también un nuevo espacio de debate y labor artística.

Marsimian y Grosso, las autoras, son egresadas de la carrera de Letras (por la UCA y la UBA, respectivamente), publicaron libros de textos y guías de estudio, y ejercen la docencia en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Panorama… está escrito con la precisión pedagógica que otorga los años de docencia, pero entretejida con la amenidad suficiente como para despertar la curiosidad y el entusiasmo. Si es un punto de llegada, también es un punto de partida, de modo que cada quien puede ahondar en autores, obras, publicaciones y contextos por cuenta propia a partir del apartado bibliográfico. Esto no significa en absoluto que nos encontramos ante un libro insuficiente, pues consigue dar con el fin propuesto: ofrecer una mirada modesta pero precisa de la literatura argentina contemporánea a partir de los medios gráficos culturales más importantes. A su vez, cada década literaria ha sido trabajada a partir de información que fácilmente puede rastrearse en cualquier hemeroteca. Interesante es notar también una vuelta a la propuesta decimonónica ─menospreciada por la academia─ de describir la vinculación entre época, autor y obra, sin por ello resentir la crítica literaria.

En definitiva, este libro es una pequeña biblioteca nacional que, por su variada estantería, puede gustar tanto a legos curiosos como a curiosos entendidos.