Entre la narración y el drama

Entre la narración y el drama

Entre la narración y el drama

Eran tiempos prehistóricos y el hombre, frágil y temeroso, trataba de sobrevivir a un entorno completamente adverso: temperaturas extremas, inundaciones furiosas, fieras ávidas de alimento. Con ese panorama comienza el cuento de Horacio Quiroga, El salvaje, más precisamente su segunda parte titulada La realidad.

Podría decirse que algo similar le ocurre a los actores en escena en el sentido de que se trata de una situación en la que están solos, con su cuerpo y mente. Teniendo, en general, que lidiar con largos diálogos, recordar ubicaciones y movimientos precisos, lograr gestos y tonos de voz determinados, y todo esto, frente a un público que centra su mirada en ellos. Dicha situación se ve intensificada en el unipersonal, en el cual no hay interacción con otros intérpretes. Realmente el actor está solo en ese mundo de ficción.

Sin embargo, la diferencia entre aquel cuadro inicial planteado por el escritor uruguayo y la labor interpretativa de Pablo Finamore –quien protagoniza la versión teatral de El salvaje, que aquí nos ocupa, y de la cual también es el dramaturgo– radica en que esta última no es para nada frágil o temerosa. Por el contrario, es imponente y arrasadora. Durante casi una hora se planta en el escenario, y con una memoria prodigiosa, nos relata por completo el cuento, sin alterar ninguna de sus palabras, como si fuese un juglar –por momentos, hasta se acompaña de un cajón peruano y resulta sorprendente cómo disocia su hablar del golpear de sus manos– o un comentador brechtiano.

Pero, y por eso se trata de un hecho teatral, más allá del lenguaje, del texto, Finamore representa. Y en gran parte, en eso consiste su rol de dramaturgo: en poner la palabra al servicio de la acción dramática. Todo lo que narra va de la mano de ademanes y expresiones, de calma, de curiosidad, de terror. Según sea la circunstancia en que se encuentra el hombre terciario, hacen que el espectador olvide el espacio despojado, poblado por unos pocos objetos cuya misión definitivamente no es crear verosimilitud, y perciba la selva, sus colores, sus aromas, las especies que la habitan. La percusión mencionada en el párrafo anterior, de alguna manera también está contribuyendo a crear este ambiente selvático. En términos futbolísticos le pone el cuerpo. Y tanto es así que en plena escena toma agua y se seca las gotas de transpiración con una toalla.

En síntesis, en esta puesta –ganadora en la categoría de mejor obra off en la última edición de los premios Estrella de Mar, a poco tiempo de su estreno–, Finamore cautiva, hipnotiza a la audiencia desde un doble plano. Es decir, desde sus movimientos y gestos así como desde su relato, de la misma manera que el salvaje, hacia el final de la historia, logra dominar a la bestia y a la naturaleza.

Ficha Técnica

Dramaturgia: Pablo Finamore / Elenco: Pablo Finamore / Vestuario: Alejandro Mateo / Escenografía: Alejandro Mateo
Música: Luis Reales / Fotografía: Eva M. Nebreda / Prensa: Octavia Gestión Cultural y Comunicación / Dirección: Román Lamas

Espacio Teatral

Teatro El Búho

Dirección

Tacuarí 215