Nunca fue su despedida: Gilda llega al teatro

Nunca fue su despedida: Gilda llega al teatro

Gilda es una obra resultado de la adaptación por parte de Florencia Berthold del libro Gilda: la abanderada de la bailanta de Alejandro Margulis. Como toda adaptación de libro, ya sea a obra de teatro, película, etc., es posible comparar lo que vemos con el “original” o simplemente tomarlo como un producto autónomo y perteneciente al soporte elegido y disfrutarlo de esa manera. Sin embargo, cuando uno ya leyó el texto, esta tarea se puede volver ardua: las comparaciones surgen casi contra nuestra voluntad en el momento del espectáculo. En este caso particular, conté con la ventaja de no haber leído Gilda: la abanderada de la bailanta, por lo que me encontré frente a algo nuevo a explorar en un ciento por ciento, más allá del conocimiento -inevitable, a esta altura de las cosas- de quién fue Gilda y, sobre todo, de cómo su fin trágico la  convirtió en una santa popular.

La pieza es un híbrido en varios sentidos. Repasa la biografía de la cantante cruzando la comedia con el drama con la misma velocidad trágica con la que pasó su vida. Pero también juega con los límites entre el musical y el recital de una banda tributo. El efecto está motivado por cómo, en gran medida, Florencia Berthold (que además actúa en su propia obra) encarna la figura de Gilda.  Si bien el parecido físico es de por sí llamativo, se hace evidente un trabajo para lograr captar y reproducir los gestos típicos de la cantante, su forma de moverse en escena y, principalmente, su voz. Hay un ritmo -físico, actitudinal, musical- que transmite Berthold que devuelve a Gilda a los escenarios. El vestuario de la época es impecable en todos los personajes, creando de forma exacta el ambiente de principios de los años noventa.

La combinación del humor y de la cumbia contrastan con el final trágico que todos los presentes conocemos y con las experiencias de desamor entre Gilda y su marido; tristeza y melancolía que se filtran en las letras de sus canciones. La obra expone los altibajos y las dificultades que la cantante tuvo que atravesar para llegar a ser uno de las referentes más importantes de la música tropical en Argentina, y en esa misma línea destapa el machismo reinante en el ambiente y sus violencias: el rechazo inicial y las burlas por ser demasiado delgada y poco pulposa, el acoso sexual por parte de un productor, un marido que se opone a su inserción en el mundo profesional que siempre soñó (porque esa profesión implicaba una presencia menor en el hogar junto a los hijos, una exposición pública cada vez mayor y el uso de un vestuario más provocativo). Esta oposición y la imposición de elegir entre la carrera o la pareja es la que motiva la separación, ya que Gilda decide continuar su vida como artista. No sólo hace valer su deseo ante la opresión ajena, sino que exhibe carácter, obstinación y una voz propia que no se deja callar ni detener y que no duda en defenderse ante los abusos y las agresiones. Las letras de algunas de sus canciones (“Fuiste”, “La puerta”) reflejan en buena medida la voluntad de no dejarse pasar por encima, de valorizarse a sí misma como mujer y de transmitir a otras esa mirada de género.

Los diecinueve años que pasaron desde su desaparición física no parecen ser tantos cuando pensamos que estos tipos de violencia aún persisten y es un factor que vuelve más interesante aún a esta propuesta.

El final es el cénit de los sentimientos contrapuestos que a lo largo de la obra son puestos en escena y, posiblemente, su instante más emotivo: con “No es mi despedida” y la corona de flores y ese vestido azul que luego se transformará en la insignia mística de la Gilda-santa, el escenario es una fiesta y también lo es el público.  Al mismo tiempo, no se puede dejar de percibir en el aire la melancolía dulce de esa canción y la tristeza de su muerte. Y a  casi dos décadas del accidente mortal que terminó con su vida y la de parte de su familia y de algunos de sus músicos existe una obra como esta, una película sobre la vida de la cantante a estrenarse en 2016 y un santuario que persiste en el lugar de la tragedia, y que sigue siendo visitado por fieles y fans. Incluso las fiestas y los actos políticos de diferentes afiliaciones usan, por igual, sus canciones. En resumen: cuando es evidente que Gilda sigue teniendo vigencia, se hace innegable que no, que el 7 de septiembre de 1996 no fue su despedida.

Información adicional

  • Ficha técnica: Idea: Iván Espeche / Dramaturgia: Flor Berthold / Actúan: Flor Berthold, Nicolás Espinosa, Martín Lavini, Patricio Romero, Fernando Sayago / Vestuario: Matías Begni, Julio César / Escenografía: Queli Berthold / Maquillaje: Ana Leiva / Diseño gráfico: Maren Henke / Asistencia de dirección: Julián Pinto / Dirección: Iván Espeche.

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