Cuando la realidad supera a la ficción

Cuando la realidad supera a la ficción

Cuando la realidad supera a la ficción

Una ficción cobrará vida. Un joven director de cine, con aires de magnanimidad, está filmando su primer largometraje basado en el asesinato de la amante de su mujer en el que se vio implicado involuntariamente. La historia se va revelando durante el rodaje de la película, a través de un guión que irá tomando fuerza narrativa propia, hasta ceder a lo que el propio autor quería contar. Así, la realidad del artificio de los actores irá superando a la ficción original, y una nueva historia cobrará sentido a través de la fuerza de los hechos en que se ven envueltos sus protagonistas.

En principio, hay dos intentos de representación de esta trama un tanto confusa, sobre todo en los primeros de los 70 minutos de duración: por un lado, el de la producción cinematográfica y, por el otro, el del proceso de creación del producto artístico. En el primero, Ficción, la pieza escrita y dirigida por Florencia Berthold, sale airosa con creces, ofreciendo una crítica impiadosa a ese micromundo donde se hace imposible la genialidad cuando se debaten, detrás de bastidores, los pretensiosos egos que carecen de talento. Esto le permite a la autora jugar con el humor y el absurdo, con un éxito un poco desparejo, pues las situaciones que se pretenden graciosas no lo son tanto y los gags carecen de audacia.

Pero es en la segunda vía de acceso a la obra donde está la falla más notoria. Cuando pretende adentrarse en el terreno de la producción artística lo hace de modo laberíntico, por momentos inentendible, incluso se pierde en diálogos sosos y aburridos clichés que refieren a los vicios del artista “chanta” sin ingenio.

Otro punto débil es el cambio psicológico de algunos personajes, que no responde a una dinámica de los hechos que se están desarrollando. En cuanto a las actuaciones de los jóvenes artistas, cabe decir, ese día no fueron las mejores. Por momentos se notaban imprecisas, lo cual se evidenciaba en algunos diálogos y la poca modulación y el olvido de la letra por parte de algunos actores. Sin embargo, sobresale el sólido compromiso de Milagros Almeida, a quien se le notó enorme naturalidad cuando hizo su aparición al promediar la mitad de la obra.

También hay un gran trabajo de la escenógrafa Ana Leiva, quien construye un acertado ambiente de filmación y hace un aprovechamiento eficiente de todo el espacio de la sala, con sus apartados para el vestuario y el equipo técnico (cámara y sonido). Aunque, por desgracia, se pierde un poco la apreciación de la visual por el errado uso de una iluminación tenue en gran parte de las escenas.

Ficción puede verse los sábados a las 20 hs., en el Teatro El Grito del barrio porteño de Palermo. Y pese a algunas deficiencias, no deja de ser un buen intento que puede convencer al público, tal como sucedió a la salida de la sala, a quien se lo notó complacido y satisfecho.