Un poyo rojo: donde lo corporal es el único lenguaje

Un poyo rojo: donde lo corporal es el único lenguaje

Un poyo rojo: donde lo corporal es el único lenguaje

Este fin de semana se despide de la cartelera la obra de teatro Un poyo rojo. Ésta realizará por primera vez una gira de seis meses, la cual incluye ciudades latinoamericanas y europeas, pero seguramente volverá a las carteleras porteñas, ya que lleva varias temporadas desde su estreno en el 2008. A pesar de que será la primera gira, no es la primera vez que ésta va a presentarse en Europa, ya lo ha hecho en reiteradas ocasiones desde el 2010, y ha participado en diversos festivales de teatro y danza. Sus realizadores la definen como una obra de teatro físico que carece de un lenguaje articulado, es decir que está hecha a base de secuencias de movimiento e improvisaciones que posteriormente fueron resignificadas para contar una historia simple. Pues en Un poyo rojo lo que importa no es el qué sino el cómo. Esta obra es la evidencia de que los lindes en y entre las artes se han mezclado, volviendo a sus piezas interdisciplinarias. Aquí la relación entre la danza, el teatro y la performance es notable; a través de diferentes códigos que pueden abarcar desde la danza moderna y contemporánea, al clown y tanto al teatro como la música popular. En palabras de su director Hermes Gaido: “(…) lo que buscamos es un poco acercar la cultura de masas a la cultura más elitista o poder usar lenguajes y códigos de diferentes lugares (…) mixturamos la cumbia por ejemplo con movimientos más propios de un lenguaje abstracto”.

La puesta en escena de Un poyo rojo parece simple, ambientada únicamente con un locker de vestuario y un banco de madera, sin embargo para esta pieza nada más hace falta, instalando así un clima de rivalidad. Sus intérpretes Luciano Rosso y Alfonso Barón (quien se incorporó reemplazando a Nicolás Poggi en el 2011), están vestidos con ropa deportiva, diferenciándose visualmente en forma cromática a través del rojo y el blanco. Colores que desde la simbología del color se oponen, el rojo representa la pasión (lo terrenal) y el blanco, la pureza (lo sublime). En este duelo entre “poyos” o mejor dicho aquello que parece visualmente- a través de los movimientos corporales- una riña de gallos, puede interpretarse que lo que se representa son los estadios de una relación sentimental. Desde el comienzo se presenta una sincronía a través del movimiento corporal, seguida de una competencia de egos, siempre mediante gran habilidad de destreza física. Entonces, la coreografía alterna entre la perfecta sincronía y la individualidad a través de una competencia- la cual simboliza el coqueteo entre ambos- de formas sorprendentes. En cuanto a lo formal hay algunos movimientos que pueden identificarse con algunos animales, otros pertenecen a la danza clásica y otros son producto de disociaciones corporales. Todo esto hace notar que el entrenamiento corporal y actoral que poseen ambos intérpretes es profesional y totalmente variado. Tanto Rosso como Barón son sumamente expresivos y talentosos, tienen un dominio corporal y un manejo de la escena impresionante, así como también una gran capacidad de concentración. Un poyo rojo presenta sin dudas una codificación distinta nunca vista antes; algo extraña al comienzo para los espectadores, pero una vez que los mismos entran en código, la creatividad y la acción física de los performers se vuelve cada vez más atractiva y asombrosa manteniéndolos expectantes en todo momento.

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En este cruce entre la danza, el teatro y lo atlético, también aparece un elemento importantísimo de la obra: la sexualidad. No es azaroso que la obra sea interpretada por dos hombres. Es una historia sencilla de dos personas que se conocen y se enamoran. Lo sexual es representado en relación al cuerpo, pero tratado con mucha sutileza, dejando en un segundo plano que se trata de una pareja homosexual. En consecuencia, su efecto es otro. Sin embargo, las acciones se realizan con tal naturalidad que son absorbidas de la misma forma por el espectador. Tal vez ese sea el objetivo, en una sociedad que se plantea como liberal pero en la que aún existen muchos prejuicios y clausuras, se intenta generar una apertura. Muy tenuemente se provoca al espectador, pero para que este entre en código con lo que la pieza propone,todo esto acentuado por la música escogida. Seguramente en la mente de un espectador pacato su efecto sea otro, tal vez no pueda asimilarlo con tanta naturalidad, pero sin dudas mediante la risa creciente, la obra involucra cada vez más a todo tipo de espectador. Un poyo rojo es sin dudas una obra revoltosa, inquietante desde su codificación hasta desde su temática, ambos acentuados por el cómo. Pero esa sorpresa que genera- a diferencia de otras obras de arte que han trabajado con lo polémico, con las minorías o con buscar un shock del espectador- es en todo momento agradable.

En ningún momento el lenguaje textual se hace presente, en Un poyo rojo todo es semióticamente corporal y gestual. Allí el rostro y el resto del cuerpo no compiten, son un todo igualmente expresivo. Esta pieza que explora los límites, no sólo del arte, del cuerpo y de la sexualidad a través de lo interdisciplinario; emociona y al mismo tiempo incita a la reflexión. En consecuencia, resulta de ella una obra completa, a la cual honestamente no se le encuentra ningún flaqueo. En ese sentido, tal vez sea por ello que es de lo más interesante que se pueda vivenciar últimamente. A través del convivio de una sala de teatro underground, se puede apreciar que la respuesta general del público es igual de satisfactoria y positiva, a través de la comicidad generada durante toda la obra, donde la risa es una respuesta generalizada.

Bonus Track

Una vez terminado el desarrollo de Un poyo rojo, se le ofrece al espectador- como ellos mismo lo llaman- un Bonus Track. Luciano Rosso, se ha hecho famoso en gran parte por su estallido en las redes sociales. A través de videos en dónde realiza playbacks (antes de la invención del dubsmash) de canciones populares con un estilo muy particular y gestos sumamente cómicos y exagerados. Estos videos se han “viralizado” de una forma asombrosa, sobre todo después de una de sus funciones en el Festival Iberae en España (2014).

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