Una sinestesia envolvente

Una sinestesia envolvente

Una sinestesia envolvente

Sugestiva y atrapante, Quiroga y la selva iluminada nos introduce a un espacio indefinido que performativamente nos va atravesando. Con la idea de la nada que nos abraza en la negrura, se proyecta una oscuridad límpida sobre la que se yerguen, extendiéndose como un torrente, las imágenes. Un túnel de misticismo, la entrada en la oscuridad más oscura en la que nos hayamos encontrado nunca.

La obra dirigida por José Menchaca, es una producción de Grupo Ojcuro (creadores de La Isla Desierta), basada en el libro Cuentos de la selva del escritor uruguayo Horacio Quiroga. La adaptación teatral retoma algunos de estos cuentos llevándolos a la historia de Delfina, una niña pequeña que se aburre mientras está en casa. A través de los personas adultas que comparten con ella, se plantea la temática de la potencia creadora y mágica de la lectura, en un contexto familiar y cercano. Quiroga y la selva iluminada es interpretada por actores en su mayoría ciegos y disminuidos visuales, y cuenta con el uso de títeres luminiscentes diseñados por José Menchaca, que funcionan como un recurso interesante para el desarrollo de la pieza en ausencia de luz.

Las dimensiones escapan a nuestra percepción. La traslación de los títeres a través del escenario que no llegamos a ver sino hasta el final, nos envuelve con la interacción cercana, visualmente silente que nos permite observar maravillados.

Una estética que de algún modo es una metáfora, una sinestesia en todas sus formas. La cercanía que fascina el olfato, la fascinación transformada en risa. Actores y espectadores compartimos el mismo espacio en un juego de compenetración que solo se declara una vez que nos abandonamos en la oscuridad a la dinámica del sonido, el olor y la sensación.

Con un diseño sonoro realmente bien logrado, con el uso de efectos especiales que incluyen hasta el claxon de un buque, o incluso una poderosa tormenta, logramos imaginarnos incansablemente el viaje exótico que Quiroga y la selva iluminada nos depara.

Una propuesta que destaca el valor de la lectura como fuerza lúdica, productora y creativa, con la posibilidad de explorar aventurándonos en mundos nuevos. Una pieza desarrollada en lugares que no se ubican precisamente en el espacio.

En este contexto, se torna una sugerente fuente de subjetividades contrastadas, títeres guía disparadores de la creación de la obra real particular, esa que cada uno de nosotros crea imaginariamente dentro de sí mismo. Privilegio del uso de nuestros otros sentidos, percibimos la rica escenografía sonora, olfativa, táctil. Una escenografía sinestésica.

Quiroga y la selva iluminada se destaca con la ausencia de luz durante todo el desarrollo de la pieza teatral que finalmente no se percibe como falta, sino como regodeo de los sentidos: el oído, el tacto, el olfato. La imaginación crea y se recrea en lo que el ojo no ve.