Desmontaje de Proyecto Posadas

Desmontaje de Proyecto Posadas

Hace algunas semanas atrás se llevó a cabo en la barbería La Época la segunda edición del ciclo Desmontajes, organizado por la AINCRIT (Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral). El mismo consiste en la realización de una entrevista a cargo de un socio de la Asociación luego de la función teatral. A lo largo de dicha entrevista –en la cual los espectadores también pueden ocupar el rol de entrevistador– la obra en cuestión es “desmontada” por quienes intervienen directamente en ella, al revelar sus procesos, sus secretos. De esta manera, se cumple el fin central al que apunta este ciclo: fortalecer los lazos entre la teoría y el quehacer, entre los críticos, investigadores, dramaturgos, directores, actores y, claro está, el público.

En esta oportunidad la obra elegida fue Proyecto Posadas, escrita por Andrés Binetti y dirigida por Michelle Wejcman y que este año va por su segunda temporada. Se trata de una puesta en la que los jóvenes son los protagonistas, tanto los jóvenes de ayer como los jóvenes de hoy. Estructurada en dos actos, el primero se centra en un grupo de militantes de los 70, pertenecientes al movimiento posadista; mientras que el segundo, situado en la actualidad, muestra a un grupo de estudiantes de cine que para una tarea de la facultad tendrán que ficcionalizar, dramatizar aquella década.

Alrededor de las 22, cuando la función de Proyectos Posadas llegó a su fin, quien esto escribe tuve el agrado de coordinar una charla-debate con el elenco la cual giró en torno a temas varios como: el posadismo, el proceso de escritura del texto dramático, cómo éste fue llevado a escena, el espacio elegido –para nada convencional ya que se trata de una peluquería real a la par de museo, declarado sitio de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires–, la composición de los personajes y el elemento musical, entre otros.

 

Foto por Ana Ferronatto

 

Ámbar: Andrés, ¿cómo surgió la obra?, ¿qué podés contarnos acerca del proceso de escritura?

Andrés Binetti: Michelle, con quien había trabajado en una trilogía que hicimos hace unos años, quería hacer una obra. Se armó primero el elenco y a partir de ahí empecé a escribir. A mí me divertía mucho la idea del posadismo. Es real. El posadismo existió. Las teorías son reales. Es una idea muy disparatada pero a la vez, en términos marxistas, muy real: la idea de la evolución. Entonces empezamos a trabajar sobre eso, yo iba escribiendo, les iba dando las escenas, y veía cada tanto un ensayo y seguía escribiendo.

Michelle Wejcman: De hecho, algunos actores se iban incorporando a medida que Andrés proponía nuevos personajes.

 

Á: Michelle, es la primera obra que estás dirigiendo, ¿que tal la experiencia?

MW: Muy feliz porque está yendo bien. La idea fue elegir un espacio real para intervenirlo. Ésa elección fue posterior al texto. La obra sucedía en una peluquería y se nos ocurrió la idea de que fuera en un espacio real porque nos parecía interesante como propuesta para el público. Para que tenga una experiencia distinta, porque suma desde la verosimilitud, y desde el poder mostrar algo clandestino en un espacio real que da a la calle. La gente siente que está espiando. Se puede conectar ficción y realidad.

Malala González: Pienso en relación al espacio que también es atractivo para nosotros, desde el lugar de la actuación. La idea de la intimidad, de lo clandestino, de la exposición con el afuera y del espacio público y la ciudad, es un riesgo, un desafío función tras función. Por otra parte, está la cuestión del cuidado para con los objetos ya desde los ensayos, que se da en toda obra. Pero en este caso era una puesta en valor de los objetos que también nos iban sumergiendo en el tiempo pasado, o pasado de lo pasado, en un pretérito mayor al del 77 porque hay muchas cosas de principio de siglo. Para nosotros es un desafío tratándose de un espacio pequeño, con espejos, teniendo al público que se refleja, que se ve en la tele. Las miradas están duplicadas al cien por cien.

María Eugenia Álvarez: No tuvimos muchos ensayos. Ensayábamos con las medidas, con un aproximado de donde estaban los sillones, donde las columnas, etc. Era un desafío eso pero pudimos resolverlo gracias a la dirección.

MG: Y a medida que fue pasando el tiempo nos fuimos apropiando del lugar, de sus objetos. Hubo cierta domesticación del espacio, en el sentido de que no nos fuera ajeno.

 

Á: ¿Las referencias temporales son históricas?

AB: Sí, todo está construido desde esa temporalidad. A mí me interesaba reforzar cierta ingenuidad de este grupo. Por eso la idea es que es en 1977, ya entrada la dictadura, donde ya había habido muchos desaparecidos, muchos muertos. Pero todavía seguía habiendo cierta ingenuidad en distintos grupos, no se sabía lo que era la dictadura, no se tenía en ese momento tanta claridad como tenemos ahora. Las referencias históricas están chequeadas.

 

Á: ¿Cómo surgió el tema de incluir canciones? ¿Con qué objetivo?

AB: A mí me interesa la música en el teatro. Componen algo del tiempo, como El baile del ladrillo. Te llevan a un lugar, a una instancia histórica. Y el final con Las Pelotas, con una banda que habla mucha de la contemporaneidad, de cierta angustia.

MJ: Y los militantes en los sesenta también escuchaban mucha música.

 

Á: Por último, ¿qué pueden contar sobre el proceso actoral? La mayoría interpreta dos papeles provenientes de situaciones y contextos bien distintos.

Fabián Caero: Es un desafío gigante porque ninguna obra te ofrece dos personajes. Está bárbaro porque nos ofrece la posibilidad de hacer dos cosas con un entreacto en el medio, en el que somos nosotros otra vez y vamos a la calle.

MW: En el proceso de escritura que contó antes Andrés también para el actor fue un proceso distinto porque se iba enterando cosas nuevas de su personaje a medida que iba ensayando.

MG: Era como una forma de entrega, como un folletín, como los capítulos de una serie.

MW: En relación a las dos situaciones que mencionás, hay algo que salió de devoluciones del público: en el primer acto, están los pensamientos puestos en acción; y en el segundo, escuchamos los pensamientos y en la acción no están, hay un contraste entre lo que piensan y lo hacen los pensamientos.

MG: Como para hablar de los dos períodos. Cuando pensábamos en la génesis, la idea era contar la historia, contar algo sobre ese pasado, pero no desde lugares comunes, sino reflexionando, mirándonos desde el presente, qué queda de aquello, cómo se rescatan historias sobre grupos que no son tan conocidos como, por ejemplo, los posadistas. Mucha gente se sorprende de que ellos realmente existieran.

MW: En la actualidad sigue habiendo militantes del posadismo. También hay otros que ya no se consideran como parte del movimiento. Algunos vinieron a ver la obra. Lo recuerdan como parte de su pasado y se rieron y les encantó y la pasaron bárbaro. También nos entrevistamos con una posadista española a la que le encantó la idea. No pudo ver la obra porque justo en el momento en que vino al país no estábamos en cartel.

MG: La posadista española tenía la edad del personaje de Victoria. Era como escucharla a ella pero con otra vida porque realmente era muy crítica. Contaba que era muy chica en aquel momento, diecisiete años. Y que en pleno franquismo, pasaban de situaciones de extremo peligro, con cierta inconsciencia, ingenuidad, por defender lo que creía que valía la pena creer. Y por otra parte, contaba como a veces con las compañeras decían “hoy nos vamos al cine” en lugar de a las reuniones de militancia. Con nuestros personajes nos veíamos muy identificadas con esto que contaba. Y nos ayudaba para ver los distintos matices dentro del grupo, como algunos estaban más metidos en la cuestión, más aferrados, otros menos.

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