Cuando el humo: relato de una tormenta

Cuando el humo: relato de una tormenta

“Cerrarás los ojos para no mirar por los cristales

la noche y sus negras muecas,

los monstruos amenazantes, lobos negros, negros diablos

como muchedumbre atroz”.

Sueño para el invierno – A. Rimbaud

 

Foto tomada de Fb/Cuando el humo

 

La nieve. El encierro. La noche. La locura. Tres hermanos -Indigo, Vitalie y Agatha- tan distintos que no parecen unidos por la misma sangre se reencuentran luego de algunas ausencias. Quien convoca a sus hermanas es Índigo: pálido, sensual, vivaz, de alegría demoníaca, etéreo, con una hermosura violenta magnética cuya personalidad e imagen se contrapone a la de sus hermanas. Por su lado, Agatha, que arriba de un largo viaje, contrasta lo etéreo de Índigo con su carácter avasallante y material, su figura hipermaquillada, su porte altivo. A su vez, Vitalie es más un fantasma que un ser vivo, una mujer aterrorizada de la misma existencia y angustiada de la que sus mismos hermanos se burlan, ya que su nombre, más que representar lo que ella es, lo contradice: lo vital está ausente en ella.

El ambiente en que transcurre el encuentro y la noche es un ambiente gótico por excelencia: velas, licores, humo, maderas oscuras, tormenta en el exterior, vestimenta extravagante. Nosotros, los espectadores, estamos en la misma habitación en que transcurren los hechos de la obra. Somos testigos silentes y sentimos el calor que se exhala en escena. Embriagados no solo por el alcohol y la humareda sino también por los juegos de palabras, el sopor del ambiente y sobre todo por la figura hipnótica de Índigo, los personajes recorren sus traumas tan vívidamente como si volvieran a suceder: la muerte que no es otra cosa que el abandono, atravesándolo todo, revive en la voz lírica y fantasmagórica que cruza la escena en los momentos de mayor tensión. Estos momentos dolorosos delimitan con mayor fuerza las personalidades de los hermanos pero por sobre todo, ponen en el tapete el pasado traumático que los une y la cadena de rencores que los ata. Índigo, como un eterno niño adulto, conduce –replicando los juegos que solían compartir- a sus hermanas al tiempo de la infancia, en donde los reproches presentes cobran sentido por las traiciones de otrora, por la crueldad infantil con la que los tres se maltrataron mutuamente.

Cuando el humo es quizás principalmente una historia de amor y de odio fraternal en igual medida que llega a bordear, con la extraña obsesión de Vitalie por Indigo, las fronteras del incesto. La sexualidad se despliega también en la escena, siendo Índigo el imán irresistible de mujeres pero sobre todo de hombres; Agatha, la corrección, la mujer viuda, la mujer de alta clase siempre encaminada, y Vitalie la mujer reprimida y temerosa de su propio cuerpo que solo desencadena su pasión y adoración frente a su hermano.

Sin embargo, más allá de la relación entre los hermanos, hay otro elemento relevante en la obra que si bien atraviesa a los tres personajes, forma parte también de una intimidad más personal y privada: la vivencia del desarraigo. Agatha se casó con un hombre de buen pasar, yéndose a vivir lejos y escapándose así de una familia ensamblada que no terminaba de aceptarla; Índigo fue desterrado en su plena adolescencia por un hecho concerniente a su sexualidad que su entorno rechazó; Vitalie sufre el desarraigo ajeno como propio y lo vive desde la soledad como condena. Esas ausencias se traducen en una sola: en la ausencia del amor, del amor propio, del ser amado, del amor familiar, del amor por la vida. Converge todo el sufrimiento en esa noche, con la figura de Rimaud sobrevolando el ambiente (Índigo homosexual, Índigo traficante, Índigo enfant-terrible, Índigo recitando poesía) donde tres hermanos se reencuentran no sólo entre sí sino también con lo que enterraron, con lo irresuelto en el devenir de los días. La tormenta remueve la tierra y sus muertos emergen. Con terror, con pasión, con violencia, Índigo, Agatha y Vitalie los enfrentan y se enfrentan entre sí. Luego, todo parecerá un confuso sueño. Una noche de borrachera.

Ficha Técnica

Actores: Debora Nacarate, Diego Benedetto, María Pía Dávila / Cantante: Dolores Visentini / Música: Francisco Magi / Coreografía: Cecilia Lisa Eliceche / Texto: Paola Traczuk / Asistente de dirección: Luis Contreras / Idea y dirección: Federico Castellón Arrieta / Arte: Phantome / Prensa: Octavia Comunicación.

Espacio Teatral

La Casona Iluminada / Dirección: Corrientes 1979 /

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