Pasados de Dios: una buena sobredosis

Pasados de Dios: una buena sobredosis

 

Antes de entrar a la sala, una invitación muy especial: beber a Dios. Porque Dios representa una pócima. Una vasa de aspecto futurista contiene unas ampollas en cuyo interior hay un líquido malva; pronto sabremos que eso es un néctar prohibido, que enseña el camino para internarse en los más profundos deseos de aquellos que se atrevan a romper la prohibición de las normas del poder.

En Pasados de Dios, una empresa de juguetes ansía instalar sus productos en el mercado global mediante el lanzamiento, en una fiesta, del muñeco de un nuevo superhéroe. Pero, entre las sombras, el socio del dueño de la firma tiene sus propios planes, utilizar el juguete como pantalla para traficar en su interior el poderoso brebaje, imponerlo en Europa y hacerlo circular en el mundo.

Un empleado que busca redimirse de su patetismo arrojándose en un último acto metaheroico, una madre castradora que es guía de una nueva mesías redentora, unos mentalistas chantas que con tal de subsistir animarán cualquier celebración, una chica que anhela coronar el más bello casamiento, otra chica que se encuentra con la posibilidad de romper con el amor tradicional, un detective privado que no se rendirá en conquistar a su viejo amor, y una policía que buscará el ascenso a través de la resolución de este nuevo caso de las drogas, constituyen algunos de los trece personajes que intervienen en esta historia coral.

La obra de Lisandro Penelas antepone el humor, pero lo combina con cierta inteligencia con la filosofía y la religión, el género policial y el superheroico, el karma y el mesianismo, la Biblia y el universo tan explotado de los psicotrópicos, logrando así una historia original, cuyo mayor atractivo quizá sea la semiosis múltiple que configura, pues sus alusiones, símbolos y metáforas instituyen una verdadera riqueza de sentido.

La música pegadiza, cada tanto hipnótica, de Mariano Pirato acompaña conforme la trama se va desarrollando; además de ambientación, aporta vitalidad en los momentos justos y sobresale en la coreografía de la fiesta, en la que se llega al punto álgido de delirio psicodélico. La escenografía, por su parte, funciona como una especie de cubo mágico, que se articula y se mueve ingeniosamente cambiando la puesta en cada nueva escena. Es trabajo de Kenneth Orellana Gallardo, quien también se hizo cargo de la iluminación, entre tenue y explosiva, y de un vestuario más que correcto. Entre actuaciones precisas, que denotan la eficacia del ensayo, destacan la tonalidad neutra de Nahuel Martínez Cantó y la acentuación de Francisco Devita, la gracia chillona de María Lucía Ortíz, la plasticidad de David Subi e Ignacio Gracia, y la naturalidad de Carolina Vázquez.

Hoy viernes 28 de noviembre se presenta la última función de la obra del multifacético Penelas. Andamio 90, el bonito teatro de Paraná al 660, es el lugar para experimentar, entre risas, el efecto opiáceo de la religión. Mediante el consumo de una historia que, a nota personal, me hizo dudar acerca de si la célebre frase la religión es el opio del pueblo constituye una directa diatriba contra los credos; o en su dialéctica Marx, en realidad, buscaba insultar también a los narcóticos que no pueden prometer sino más que falsas ilusiones. En cualquier caso, Pasados de Dios representa una buena sobredosis -que hasta incluye un guiñazo mundialista-, pues por igual nos promete tanto gracia como cavilación. Y cumple con creces. Sin decaídas ni contraindicaciones.

Ficha Técnica

Dramaturgia: Lisandro Penelas / Actúan: Agustina Arbetman, Lidia Blanco, María Emilia Cejas, Francisco Devita, Laura Fernández, Zoilo Garcés, Ignacio Gracia, Nahuel Martinez Cantó, Javier Obregón, María Lucía Ortíz, Martín Speroni, David Subi, Carolina Vázquez / Vestuario: Kenneth Orellana Gallardo / Escenografía: Kenneth Orellana Gallardo / Iluminación: Kenneth Orellana Gallardo / Música: Mariano Pirato / Diseño gráfico: Martín Speroni / Asistencia de dirección: Lucila Rubinstein / Prensa: Octavia Gestión Cultural y Comunicación / Colaboración artística: Francisco Lumerma / Dirección: Lisandro Penelas.

Espacio Teatral

Andamio 90 / Dirección: Paraná 660

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