La importancia de ser… belga

La importancia de ser… belga

Hasta el 4 de octubre se presenta en el MACBA The importance of being, una exposición colectiva de artistas belgas que incluye participantes de otros países.

Esta propuesta, que surge a nivel regional, busca generar rupturas justamente dentro de lo establecido en parámetros geográficos, noción ya caduca en el ámbito artístico. Las producciones culturales se han globalizado hace tiempo, cuestión que no pasa inadvertida para la curadora Sara Alonso, quien logra replantear en la selección de obras la identidad y el tiempo a través del arte. ¿Quiénes mejores que los belgas para tal tarea?, pues su historia particular hace que constantemente en su propio país se configuren nacionalidades e identidades en constantes y variadas rupturas. Su fama de viajeros trasciende el mundo entero, continuos exploradores que además han forjado una estrecha relación con América Latina. Sin embargo, las últimas exposiciones artísticas realizadas en el país datan de los años 40, sin continuidad de intercambios posibles.

La Embajada de Bélgica ha acompañado esta iniciativa fundamental para retomar diálogos de construcción y deconstrucción de identidad.

Los cruces con América Latina se plantean también desde las obras. Los eventos políticos y collage de propuestas destaca en Joëlle Tuerlinckx, quien toma de cada país donde esta muestra se exhibe un punto particular y lo explaya en un horizonte de posibilidades y análisis desde lo plástico. Otra característica de esta artista es intervenir elementos que encuentra en los lugares donde expone. En el caso del MACBA trabaja sobre un panel blanco de Río de la Plata, argentum, una exposición previa con pintura plateada. Un devenir de discursos que terminan en cajas de madera del cotidiano vivir de Buenos Aires, que sigue recibiendo extranjeros para constituir su identidad.

Cada proyecto se da dentro de un ambiente creativo donde de repente cambian a palabras y terminan en estructuras plasmadas por un artista visual. Atraviesa la escritura, el arte, lo visual, el ser y las aspiraciones humanas. Así, se fue dando una gira mundial, que inició en Cuba, llegó a Buenos Aires y se dirigirá a San Pablo, Brasil.

Si bien hay búsquedas de rupturas de la identidad geográfica aplicada en el arte, no es fortuita esta selección, ya que Argentina nuclea con su Embajada las comunidades de belgas residentes en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. Otra comunidad fuerte se encuentra en Brasil a la espera de esta ansiada exposición.

En todas las piezas se trabaja lo universal de la identidad en relación con la comunidad, de alguna u otra forma, incluso aquellas que son más abstractas y aparentemente inconexas.

El día de la inauguración, Ángel Vergara, artista y editor de lo que será el libro representativo de esta exposición, realizó un fuerte hincapié en los derechos humanos y, en especial, el derecho a la cultura. El arte constituye una necesidad humana de viajar y atravesar nuevas culturas, espacios e identidades, además de ser una herramienta diplomática para la conexión global. La posibilidad de verlo física y presencialmente implica otra relación con el espectador y genera la posibilidad justamente de una ruptura para dejar de anclar una producción a un simple evento geográfico.

Las fronteras de la identidad se desestructuran en esta propuesta que genera sensaciones para todos los sentidos, recorriendo diversos registros de vivencias personales. Para acompañar este proceso de emancipación del espectador acompaña un programa paralelo de charlas, conferencias para fomentar las interacciones entre artistas locales y belgas que ayudan a para poner las obras en contexto. Entre ellas, un diálogo con Spregelburd sobre La importancia de ser (en referencia al mítico libro de Oscar Wilde sobre las costumbres y solemnidades sociales).

La política tiene un peso fuerte en la cultura belga, que viene para quedarse y demostrar lo importante que es el arte como herramienta diplomática para generar cruces, debates y formar una identidad más plural.