El proyecto como herramienta cultural. La Oficina Proyectista y sus expediciones en el Arte Contemporáneo.

El proyecto como herramienta cultural. La Oficina Proyectista y sus expediciones en el Arte Contemporáneo.

Los espacios se transforman, los estilos se superponen, pero los proyectos de carácter colaborativo se fortalecen e integran múltiples trayectorias. La Oficina Proyectista, ubicada en una pequeña oficina tradicional del Microcentro porteño (Perú 84 6to piso), funciona como una potente plataforma de creación de proyectos artísticos experimentales. Aprovechando cada rincón de un espacio lleno de luz, la Oficina Proyectista (OP) cuenta con una Sala principal, una Sala B  en un mueble-biblioteca, y una Sala C en la puerta del edificio. Luego de subir por un antiguo ascensor y recorrer largos pasillos silenciosos, damos con la oficina 82, donde Sonia Neuburger y Pablo Caracuel (co-fundadores del proyecto, artistas, gestores culturales y docentes) nos esperan para charlar sobre lo que fue su participación en el Espacio Contemporáneo de Fundación Proa, con el proyecto #Expediciones a Puerto Piojo (marzo-junio 2015).

 

                                           Mapa, de Sonia Neuburger

 

Nicolás Frank: ¿Cómo surgió el espacio físico de la OP?

Pablo Caracuel: Eso empezó en el 2005. Mi papá recibió esta oficina pero nunca trabajo acá. Él nos ofreció el espacio por si queríamos hacer algo. A partir de ahí se usó como espacio para mostrar proyectos. Si bien siempre fue más ligado a muestras de artes visuales, la idea fue utilizarlo todo el año a partir de distintos formatos. Vimos que en todos lados la movida independiente y autogestiva tiene problemas similares, y las soluciones que se van encontrando hay que compartirlas.

Sonia Neuburger: Por eso le quedó el nombre Oficina Proyectista, no solo por el espacio físico de la oficina, sino también por la idea de proyecto. En ese entonces Pablo Caracuel y Alejo Rotemberg acababan de publicar un libro llamado #Proyecto proyectos (2004, Ed. Univ. Nacional San Luis) donde cuentan la historia de esos proyectistas que tienen tantos proyectos que no pueden realizar ninguno. En la década de los ´90 los proyectos se medían según sus resultados, y el éxito estaba dado dependiendo el resultado. La parte  “proyectista” de la Oficina tiene que ver con recuperar esa idea de proyecto como instancia creativa y vital. Los resultados serán simplemente coyunturales, pudiendo decantar en un proyecto nuevo o no.

 

NF: Entonces las muestras en el espacio de la OP están más ligadas a proyectos que a un trabajo individual del artista.

SN: Claro, las muestras, que de mes a mes varían, funcionan como proyectos en sí mismas. El espacio se brinda a los artistas para que lo utilicen en su totalidad, ofreciéndoles lo que necesiten. Apostamos a lo más experimental. La única condición que ponemos es que así como se da el espacio de la OP, así lo deben entregar para la próxima muestra.

PC: La OP es un proyecto en sí mismo, como una red, donde los artistas van conociendo a otros artistas, otros públicos y así van tejiendo redes. De esta forma se pueden compartir los trabajos y las experiencias con otros.

 

NF: Pero vienen trabajando en la realización de muestras mensuales hace casi una década, lo que suma más de 90 muestras desde que surgió la OP. ¿Cómo se dio ese ritmo de trabajo tan intenso?

SN: Desde que empezamos con la OP implementamos el ritmo de hacer una muestra por mes, o sea, diez muestras por año. La última muestra es siempre de dinámicas colaborativas. Nuestro objetivo fue romper un poco con eso guetos que hay en el mundo del arte, eso de los grupitos cerrados. Por eso trabajamos desde lo plural. Los proyectos que mostramos son de artistas de distintas edades, experiencias y trayectorias.

 

                                                      Oficina Proyectista, muestra de cierre colaborativa anual

 

NF: Se descorren de la galería tradicional, siempre de tono individualista. En cambio la OP siempre está atravesada por otros proyectos.

SN: Desde la dinámica colaborativa se ponen en relación los artistas y también los públicos, y los tipos de obra también van dialogando entre ellas. Para la muestra final invitamos a exponer a todos los que pasaron por OP a lo largo de los años.

PC: Sí, la idea es invitador a todos y que participen del montaje mismo, que no se relacionen solo en la inauguración sino antes, reforzando la idea de vínculos y redes.

 

NF: Y justamente en la OP, que es un espacio pequeño, se establece un contacto directo entre los participantes.

SN: Sí, totalmente. La cosa de que el espacio sea pequeño siempre fue un gran potencial, porque así si viene gente que no se conoce, al ser un espacio chiquito te pones a charlar. Ahí el vínculo es bien directo. En espacios más grandes, como en otras galerías, es más difícil generar esos vínculos reales. El horario nuestro es acotado, así que intentamos que el artista este presente lo más posible en la OP. El diálogo es más rico cuando está el artista porque se genera un ida y vuelta con el público, pudiéndole preguntarle de dónde surgió la obra, o sobre su trayectoria.

 

NF: Además de las muestras en la OP vienen participando en distintos espacios. ¿Cómo es el trabajo de la OP en las convocatorias externas?

PC: Estamos muy atentos a las convocatorias y somos de hacer convocatorias también, porque nos interesa el trabajo colectivo. Pero no nos interesa una muestra que es colectiva por la suma de los artistas que participan, sino que sea colectiva desde lo colaborativo y lo participativo.

SN: En varios proyectos generamos esta dinámica de trabajo colaborativo, si bien en cada proyecto hay una especificad o un trabajo sobre un contexto en particular, tratamos de mantener esa dinámica.

 

NF: Como, por ejemplo, en los proyectos realizados en conjunto como #La mudadora (desde 2006) y el proyecto #Zona Proyectista. Ensayos para un parpadeo (Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, noviembre – febrero 2014). ¿Sintieron cambios o transformaciones a lo largo de los años trabajando de esta manera?

SN: La OP fue creciendo y transformándose en múltiples derivaciones. Se fueron dando encuentros entre artistas y así generando nuevos proyectos. También pasa cuando a nosotros nos invitan como curadores. La primera fue para el Fondo Nacional de las Artes, y también para #Poética Móvil 2010, 3º Feria de Arte Contemporáneo de la Patagonia, en Puerto Madryn.Para cada invitación vamos con una propuesta particular para ese contexto.

 

NF: ¿Cómo fue el trabajo grupal para el proyecto #Zona Proyectista. Ensayos para un parpadeo en el C.C.H. Conti?

SN: Para el C.C.H. Conti (ex Esma) invitamos a todos los artistas que pensamos podían ir para el proyecto, y fue decantando en un grupo de 17 personas. Eran todos, desde su producción o su experiencia, muy distintos entre sí. Para esa convocatoria implementamos distintas modalidades de trabajo, como asambleas, reuniones, recorridos, pero también incorporamos lo virtual, ya que una de las chicas vive en Puerto Madryn. A pesar de las distancias, utilizamos las redes sociales para que todo lo que iba surgiendo se compartiera, y se vayan creando otras ideas.

 

NF: Con las redes sociales uno puede adaptarse a los problemas de distancia y continuidad grupal. Y ese material nuevo, una vez compartido, sugiere nuevos  disparadores y anclajes del proyecto.

SN: Para cada proyecto trabajamos con ejes claros desde el arranque, pero hasta que no llegamos a la fecha del montaje, no sabemos en qué va a decantar cada obra. En el C.C.H. Conti por ejemplo, el eje inicial fue el desafío de poder hacer algo entre todos juntos, y eso tomaba un sentido preciso en relación a ese contexto (la ex ESMA). Todas las preguntas que fueron surgiendo para trabajar en este territorio las íbamos formulando de forma colaborativa. La idea era no dar una respuesta, sino trabajar esas preguntas entre todos. Cada artista aportaba desde sus herramientas, sea desde lo visual, la cerámica, la antropología. Trabajar de forma interdisciplinaria nos enriqueció mucho a la hora de llevar los proyectos adelante.

PC: Queremos descorrernos de esa lógica de consumo, en donde cada uno recibe y toma una posición pasiva. El proyecto de la OP tiene que ver con el estar haciendo cosas, sin saber bien cual será su finalidad. Y todo esto se puede ver dentro de la exposición. La obra se puede ver como un proceso, no ya como una obra cerrada. Y ahí se rescata lo vital, lo imperfecto.

 

                       El Balneario Municipal hacia 1930             Fotos del Sr Alfonso en la década de 1940 en la zona de Puente La Noria

 

NF: Entonces los interrogantes que fueron surgiendo en la investigación no quedan resueltos en la muestra, sino que quedan latentes.

SN: Los procesos de investigación son largos, y el proyecto entonces termina excediendo a la muestra. La muestra es solo un momento, que no es ni un punto de llegada ni un punto de partida, es más bien un punto intermedio. Para el C.C.H. Conti pensamos el proyecto en tres instancias. Había toda una primera parte de investigación, de búsqueda de datos. Después la segunda instancia era la muestra como un momento de puesta en común para mostrar  hasta dónde llegamos con esa investigación. Y luego seguía la idea de una publicación de todo lo que ocurrió en la muestra, que todavía no pudimos realizar.

PC: Las hipótesis se van generando, y son siempre una invitación a pensar la problemática. No es simplemente ir a contarle a la gente cuál y cómo se resuelve tal problemática. En el C.C.H. Conti se trabajó el eje a partir de la memoria. Las preguntas que nos hacíamos eran “por qué elegir la ex ESMA, porque utilizarlo como territorio”, o  “qué hacer ahí que valga la pena, y no en otro lado” Por eso decidimos trabajar con mesas de diálogo, donde la gente podía acercarse y compartir sus comentarios. Había también un taller de mapeo, con la idea de salir a trabajar en el lugar y recorrerlo en bici o caminando. La idea fue pensarlos a todos como co-protagonistas de esa historia, no solo como espectadores.

 

NF: El trabajo en el contexto y en el territorio es un eje muy marcado en los proyectos de la OP. ¿Por qué?

SN: Sí. Igualmente cada uno viene con sus intereses y sus proyectos, y los va desarrollando en el tiempo. Pero a la hora de conformar un grupo, de pensar y trabajar en un espacio en particular, es cuando se pone todo ese material propio en función de lo que vaya emergiendo de forma grupal.

 

NF: Algo similar paso en la convocatoria en la que aplicaron para el Espacio Contemporáneo de Fundación Proa, con el proyecto #Expediciones a Puerto Piojo. ¿Cómo se fue dando esas primeras aproximaciones al contexto donde se inserta Fundación Proa?

SC: Nos invitan a presentar un proyecto para Espacio Contemporáneo de Fundación Proa, y lo primero fue pensar que relaciones establecer con el lugar, porque el Espacio Contemporáneo está ubicado en relación a una confitería. Decidimos trabajar con el contexto, con el espacio físico territorial. Queríamos trabajar con esa sensación de que desde la Fundación Proa todo alrededor se ve como un paisaje, que es próximo pero que se lo ve como algo distante, y no como un territorio habitado.

PC: Claro, todo el ventanal vidriado que tiene la Fundación Proa en la fachada, que intenta integrar el afuera con el adentro, pero que solo lo logra de manera ficticia, no se logra de manera real. Y ahí veíamos el rio como algo muy fuerte, algo que se ve bien desde todo el ventanal y la terraza.

 

                          Montaje en Fundacion Proa         Botes en Fundacion Proa

 

NF: Trabajan el sitio específico buscando entonces una posible integración de un adentro y un afuera.

SN: Para nosotros el sitio específico es algo más que solamente tomar el espacio arquitectónico o hacer una obra pensada para un lugar concreto. También es pensar el espacio de Fundación Proa de forma social, territorial, en relación a su contexto físico.

 

NF: Para el proyecto #Expediciones a Puerto Piojo trabajaron en conjunto con Carolina Andreetti, Juliana Ceci y Carlos Gradin. ¿Cómo fue la convocatoria a estos artistas y de qué forma abordaron el proyecto?

SN: Nosotros convocamos a tres artistas más para integrar el grupo, pero que previamente tengan experiencia de haber trabajado en el Riachuelo.  Son artistas que ya habían mostrado sus obras en la OP o habían participado en alguna de las convocatorias que realizamos. Cuando nos convocan para presentar un proyecto nosotros decidimos trabajar como la hacemos habitualmente de forma horizontal y colaborativa. Aquí ya no es relevante quién es curador y quién es artista. Son roles que se van ocupando. En este caso encaramos el proyecto con la voluntad de hacer algo conjuntamente. Queríamos romper con el formato tradicional de curaduría pensado como diálogos entre artistas-obras. Es otra forma de trabajo, muchas veces ligado a un contexto como soporte de la investigación. Es una muestra colaborativa, que es diferente a una muestra colectiva.

PC: Fuimos convocando como lo hacemos siempre, porque nosotros entendemos que las trayectorias siempre se cruzan entre sí. Por eso surgió la idea de convocar artistas visuales que ya hayan trabajado el contexto del Riachuelo.

 

NF: Claro, desde las artes visuales se pueden lograr todo tipo de cruces interdisciplinarios, y el proyecto a Puerto Piojo toma mayor relevancia cuando se lo aborda desde distintas puntos de vista. ¿Cuáles fueron los aportes de los artistas convocados que ya tenían experiencia previa trabajando en el Riachuelo?

PC: Carolina Andreetti ya venía haciendo entrevistas a los socios del Club de Remeros. Ella estaba investigando sobre los viejos Clubs de Remo del Riachuelo. Ahí fue cuando nosotros por primera vez escuchamos sobre la existencia de Puerto Piojo.

SN: Y Carolina, que es remadora, conocía los barrio de la zona, como Rodrigo Bueno. Es la única que tiene el carnet de remadora. Y después Juliana Ceci venía trabajando en Villa Fiorito y sobre el problema de la contaminación del Riachuelo en la zona.

PC: Hay que recordar que la cuenca del Riachuelo no solo es La Boca y Vuelta de Rocha, es una cuenca enorme que viene bajando desde La Matanza. Y va acumulando muchísima basura y problemas en la zona. Va costeando la parte más poblada de la Provincia de Buenos Aires, toda la zona de la Matanza.

 

NF: El proyecto #Expediciones a Puerto Piojo tiene tres ejes importantes. Primero la relación directa  de conectar físicamente el Riachuelo con la Fundación Proa; luego  trabajar sobre los registros y objetos encontrados a modo de archivo abierto en construcción; y también generar la experiencia directa entre el público y Puerto piojo mediante expediciones y recorridos al sitio. ¿Qué dificultades encontraron para desarrollar estos ejes?

 

                                   Edición de CRAB               Mapas del Archivo Geógrafico Nacional

 

SN: Todo esto surgió de muchos encuentros y charlas sobre el proyecto a presentar. Nosotros armamos el proyecto a partir de tres puntos fuertes, tres anclajes bien definidos. La  intervención a  gran escala fue conectar físicamente el Riachuelo con el Espacio Contemporáneo de Proa. Esto lo hicimos a partir de una bomba hidráulica que obtiene agua del Riachuelo y lo ingresa al Proa. Queríamos que el río recorriera parte del espacio físico, entrando, recorriendo las instalaciones y que volviera a salir.

 

NF: Es un aspecto fuerte del proyecto instalar esta bomba de drenaje dentro del Proa. Como si fueran parte de las venas del riachuelo que invaden el espacio de la confitería. Hay un choque fuerte de realidades entre un afuera y un adentro separados.

PC: El otro punto era la búsqueda real de Puerto Piojo, que funcionaba como un disparador, una pregunta a desarrollar. No sabíamos si íbamos a llegar, si todavía existía físicamente. Solo teníamos estos hallazgos que funcionaban como huellas y pistas, generando un entramado de recuerdos que había que ordenar. Cuando poníamos “Puerto Piojo” en internet, lo único que salía era un cuadro de la playa pintado al óleo.

SN: No sabíamos nada, ni tampoco si nos daban los recursos para poder llegar y encontrarlo. El primer contacto fue con los remeros del CRAB (Club de Regatas Almirante Brown), contacto real y necesario para empezar a ubicar el lugar. Y los remeros nos hablaban de Puerto Piojo con mucho amor y melancolía. Ahí nos interesó recuperar otros imaginarios posibles en la relación entre el río y la ciudad.

PC: Queríamos trabajar con los registros y los posibles imaginarios sobre el Riachuelo. Porque el imaginario sobre el Riachuelo de la gente es la de la destrucción que se vivió en la década de los ´90 y el abandono absoluto. Queríamos recuperar otra memoria, la de la gente que está viva y que hasta hace 30 años seguía andando, seguía remando y usando el Riachuelo como río, no solo como un límite que separa la Capital con la Provincia, sino un lugar habitable por la gente de la zona. Para pensar otros Riachuelos posibles, primero teníamos que entender que ya hubo otros Riachuelos en el pasado.

 

NF: Claro, fueron generando distintas estrategias para poder aproximarse a los imaginarios existentes como también al contexto real.

PC: Eran dos momentos distintos de la investigación. Por un lado el archivo, que se fue agrandando durante todo el año, y otro eran las expediciones reales a Puerto Piojo. Ese era el tercer eje del proyecto. No queríamos mostrar en Fundación Proa un video y solo el registro del lugar, sino que los distintos públicos tengan su propia vivencia con el lugar. Que puedan decidir ellos mismos si el Riachuelo esta mejor o peor, o si se puede cambiar algo. La idea era generar ese espacio de pensamiento para poder discutir sobre el Riachuelo.

 

NF: Es decir, no trabajar el proyecto como una afirmación sino como un espacio para preguntas abiertas.

PC: Queríamos compartir nuestra visión del proyecto, pero poniéndola en discusión con el resto de visiones que se generaron. La de los remeros del CRAB, la del público y también la de la gente de Fundación Proa.

SN: Ahora ya no se puede remar con facilidad para llegar al Balneario. Nosotros nos reunimos con los remeros del CRAB durante todo el año de investigación, y les llevábamos mapas de distintas épocas sobre la zona, tratando de ubicarlo y comparando los registros. Las fotos y mapas actuales (la mayoría satelitales) no coincidían con las que tienen ellos, y ahí empezamos a ver los cambios reales que se dieron en el territorio.

 

                             Carolina Andreetti y remeros explorando la zona        Playas de la zona           

 

NF: Y en esta experiencia, ¿qué valor le dieron al mapa como herramienta artística?

SN: Estuvo bueno. Fuimos construyendo un mapa que nunca lo tuvimos del todo claro. En la muestra pusimos el mapa con la idea también de tener esa cercanía, esa idea de territorio de los distintos lugares, empezando por Proa, Isla Maciel, Avellaneda. Son lugares que parecen muy distantes pero son cercanos.

PC: Ahora se refaccionó todo el puente Avellaneda, al lado del transbordador. La gente en ese entonces iba y venía con los botes, pero ahora también. Hay horarios de remeros que comunican las islas con la ciudad, pero hay momentos en que la gente queda incomunicada. Cuando los botes se van ya no se puede cruzar para Capital. No se podía cruzar hasta la mañana siguiente y esto no representa lo mismo para todos; es difícil vivir así.

 

NF: ¿Cuándo pudieron llegar por primera vez a Puerto Piojo? ¿Cómo vivieron esa experiencia?

SN: Fue una aventura total. Seguíamos a un auto conducido por Coco, uno de los remeros del CRAB. Él sabía llegar por tierra y nosotros lo seguíamos atrás. Ahí los oficiales de Prefectura nos pararon porque nos vieron con las cámaras registrando todo. Conseguimos los permisos para seguir pasando porque estaba toda la gente del polo Petroquímico y sus controles. Es un terreno muy complejo, no es de libre circulación y se dan cuenta quién es de ahí y quién no; es una zona vedada. Entonces, cuando logramos llegar a Puerto Piojo, el 21 de Enero por tierra, uno de los remeros de CRAB escribió como una crónica de cómo indicarnos el recorrido. Era muy detallado todo el recorrido para que podamos volver sin perdernos.

PC: La crónica era una especie de acta, con todo bien cronometrado. A tal hora nos encontramos en tal lugar, después seguimos a tal otro, y así. Y después armaba como una pequeña biografía de cada uno, y él también se presentaba, era todo muy lindo. Y al final ponía que se terminaba el recorrido a tal hora con un almuerzo de camadería en un bar.

SN: Como Fundación Proa nos pedía, dentro del formato de la muestra, que interviniéramos los manteles individuales de la confitería, decidimos colocar esa crónica de cómo llegar a Puerto Piojo en los mantelitos.

 

NF: Y en cuanto al montaje del proyecto ¿qué obstáculos encontraron entre el formato de instalación y archivo que ustedes proponen y lo que les exigía Fundación Proa?

SN: Fueron decisiones que fuimos tomando a lo largo del proceso de investigación y de mucho trabajo grupal interno. Al principio pensábamos poner como parte de la muestra las fotos, los recorridos, las entrevistas en video. Pero después fueron apareciendo otros objetos, nuevas fotos y mapas. Entonces pensamos en el espacio real del Espacio Contemporáneo de Proa, y es muy difícil poder mostrar este tipo de material ahí. ¿Cómo captas la atención en una confitería? Decidimos armar un WordPress y utilizar el espacio virtual para mostrar todo este contenido real de archivo. Ahí volcamos el grueso de la investigación, con los registros, fotos y recorridos. Pero en la muestra decidimos que no haya nada que represente una imagen real del contacto directo con el lugar.

 

                                                                    

 

NF: Entonces el montaje en el Espacio Contemporáneo de Fundación Proa quedó ligado a los fragmentos y hallazgos de la expedición, sin dar al público una imagen acabada de Puerto Piojo.

SN: La muestra decanto en un formato más objetual, de registro arqueológico que muestra una memoria recuperada. Entonces pusimos la vitrina, las fotos, partes de botes. Nos dieron mucho material los mismos socios y remeros del CRAB. También nos dieron un libro donde se ubica la playa de Puerto Piojo y se lee en el mapa “Balneario turístico y popular de puerto Piojo”. También colocamos el cuadro al óleo de una playa de Puerto Piojo que compramos por internet, junto a las fotos, y un mapa que nos dieron los remeros con información precisa de cómo ellos llegaban al balneario por agua.

 

NF: El contacto real y confrontación con ese imaginario sobre Puerto Piojo se daría con la expedición abierta al público del 2 de mayo, que funcionaba como el tercer eje del proyecto.

PC: Sí, fue una expedición abierta al público en Combi, desde Fundación Proa, para quien quiera conocer Puerto Piojo. Fue muy linda la expedición, era una reunión de gente diversa. Por un lado el público, gente de Fundación Proa, vecinos de la Boca, lo remeros que nunca habían ido a Proa. Y ellos se sienten como parte de la muestra, ese día fueron con banderas y todo.

SN: Fue día perfecto, porque no había viento, ni tampoco frío, y los remeros pudieron andar sin problemas. La invitación a remar era para todos, artistas, vecinos y público en general. La persona que dirige la programación de Fundación Proa se subió a la canoa con su hijo chiquitito, y fueron a remar. Dos remeros del CRAB llegaron a Puerto Piojo por agua, el resto fuimos en Combi por tierra. Pero nunca llegamos a la playa porque cuando crece el rio la playa desaparece.

 

                                          Vereda del Proa antes de una expedición abierta al público a Puerto Piojo

 

NF: ¿Cómo fue la reacción de los remeros del CRAB y del público en esta Expedición a Puerto Piojo?

SN: Fueron muchas personas mayores que se acercaron a Fundación Proa como parte del recorrido que íbamos a hacer a Puerto Piojo, y cada uno traía fotos, objetos en relación al balneario. Seguimos recibiendo mails de personas ligadas al CRAB, que se acercaron a ver la muestra y se sintieron muy partícipes de la misma. Nos gusta ese cruce y articulación que se generó entre mundos muy diferentes.

PC: Pensamos en lo importante de poder romper estos esquemas tan rígidos. Era una ruptura doble. Por un lado meter el Riachuelo en Fundación Proa por medio de la bomba hidráulica, y por otro invitar a los vecinos de la Boca a una institución ligada al Arte Contemporáneo pero desde un lugar que se sientan parte y se reconozcan. Y luego, una vez adentro, pueden recorrer el resto del lugar y acercarse al mundo del arte.  

SN: Es cambiar el punto de vista, algo que vivís cuando ves la ciudad desde el río mismo. Nosotros estuvimos en Isla Maciel y descubrimos que hay un terciario con proyectos muy buenos. Hay una recuperación de la dignidad de las personas muy fuerte.

 

NF: ¿Y cómo sigue esta historia, como continúa esta expedición por los imaginarios?

SN: Es muy emocionante escuchar todos los testimonios, porque es una activación de memorias y de gente que se volvió a reunir luego de 40 años. Y el proyecto sigue tomando sus rumbos, creciendo, a ver adónde nos lleva esta expedición.

 

Entrevista realizada el 15 de mayo de 2015 en el espacio Oficina Proyectista, Perú 84 6to piso.

 

Links de interés:

http://oficinaproyectista.blogspot.com.ar/

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http://www.diariodeunviajeamisiones.blogspot.com.ar/

http://lamudadora.blogspot.com.ar/

http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2013/11/av-zona-proyectista-ensayos-para-un-parpadeo.shtml

http://oficinaproyectista.blogspot.com.ar/2010/11/en-poetica-movil-2010-puerto-madryn.html