La mutación constante. Un recorrido por los presentes de La Sin Futuro.

La mutación constante. Un recorrido por los presentes de La Sin Futuro.

Alojadas en una casona de la calle Soler, en la agitada zona de Palermo, La Sin Futuro dio cabida a una gran cantidad de proyectos y artistas que encontraron en este espacio un lugar sin limites ni restricciones para reflexionar sobre el arte contemporáneo. Cuando la libertad es absoluta, las propuestas parecen convertirse en utopías. Pero un día la casona se transformó en torre inmobiliaria, y así comenzó la metamorfosis de La Sin Futuro. Pero ¿en que se transformó LSF? Aprovechando que su obra #Te lo prometo tuvo lugar en el Espacio Contemporáneo de Fundación PROA, nos acercamos para charlar un rato con ellas sobre su constante mutación contemporánea.

 

 

Ámbar: Todo lo que se vivió dentro de la casona de Soler las ha enriquecido como personas y artistas. ¿Cómo fue el comienzo de ese largo recorrido por muestras, fiestas y experiencias?

La Sin Futuro: Por medio de una amiga en común, una constructora privada nos propuso que podíamos usar el espacio a modo de taller, ya que por temor a que la ocupen (ya había sido ocupada anteriormente) preferían que haya movimiento en la casa. Iban a ser ocho meses, pero terminó siendo un año y dos meses en la casa. Lo mejor fue directamente ir a vivir ahí. Los vecinos del taller mecánico “La Estrella” nos dieron luz pero gas nunca tuvimos. Fue una oportunidad que tuvimos las tres, pero nos dimos cuenta que había que expandir esa oportunidad a muchas personas más. Lo que planteábamos eran muestras de un día, y hacia el final de la noche tocaban DJs y VJs, pero después todo eso se aglomeraba y terminaba siendo una gran jornada de 12hs que empezaba como arte contemporáneo y terminaba como descontrol de fiesta. Nunca sabíamos lo que iba a suceder, y un poco eso nos marcó sobre el tema de las experiencias. LSF no tiene una búsqueda de control.

 

Ámbar: ¿Cómo recuerdan ahora, con cierta distancia, lo que pasó en la casa de Soler?

LSF:La casona de Soler era como una obra, pero una obra construida entre todos. Venía gente por la fiesta, y por ahí ese era su primer encuentro con el arte contemporáneo. Y la reacción era buenísima, porque interactuar con las obras desde un lugar tan cercano te hace sentir la experiencia, tanto con obras interactivas como la de Luciana Malfatti o Morsh como con obras de carácter más tradicional. El patio de LSF generó muchos vínculos y nuevos proyectos independientes. Nos ayudó en la medida que adquirimos un ritmo nuevo de trabajo.

 

Ámbar: ¿Cómo se fue conformando el equipo de LSF?

LSF: Trabajamos con mucha gente. Y cuando nos convocan de algún lado volvemos a armar el equipo, volvemos a convocar gente todo el tiempo. Si te invitamos es porque algo tenes, porque nos interesa el trabajo de forma horizontal. El proyecto lo armamos entre todos, pero no somos un colectivo de artistas. Aprendimos un montón trabajando en grupo, laburando a la par de otros artistas. Siempre tenes mil ideas pero cuando tenes que llevarlas a cabo te da miedo. Estando ahí nos incentivábamos entre todos. Comíamos juntos, tomábamos unos mates y charlábamos mucho sobre las obras de todos. Había mucha contención y eso ayudaba a animarte cuando estás produciendo una obra especifica.

 

 

Ámbar: Entonces, ¿cómo se definirían?

LSF: Como una plataforma. No somos nosotras dos y nada más. Hay proyectos que laburamos solas, otros con más gente. Y en Soler la arquitectura de la casa nos permitía invitar a artistas y decirles “hace lo que quieras”. Tira abajo paredes, inunda piezas, hace lo tuyo. Nada que ver con los espacios convencionales donde no podes interactuar con las paredes, y todo va colgado con tanza. Explotemos este espacio para hacer lo que queramos.

 

Ámbar: Justamente todo lo contrario al cubo blanco, donde podes interactuar muy poco o nada con el espacio.

LSF: Fue un trabajo de producción compartida, no como curadoras (nunca nos pusimos en ese papel) sino más bien como pares, como incentivadoras de proyectos.

 

Ámbar: Ahora, por medio de una convocatoria, se han podido sumar al Espacio Contemporáneo de Fundación Proa, ¿De qué se trata la obra #Te lo prometo que presentaron y como se dio el proyecto curatorial?

LSF: Los curadores para esta edición eran sugeridos por curadores anteriores del Espacio Contemporáneo Proa, y ahí se hace un concurso cerrado. La selección final la hizo un jurado internacional integrado por Tamara Stuby, Fernando Davis y Ana Paula Cohen. Todos los proyectos se tuvieron que adaptar un poco a los lineamientos del jurado y los requerimientos del Proa. Nosotras trabajamos bajo la curaduría de Augusto Zanela, quien ya había curado la muestra #Futurísima en la casa de Soler, y bajo la coordinación de Santiago Bengolea, con quien tuvimos la suerte de trabajar por primera vez, y quien nos ayudó muchísimo a mediar con la burocracia de las instituciones. Estuvimos tres meses armando el proyecto hasta presentarlo y varios meses más modificándolo una vez que lo seleccionaron. La institución nos hizo preguntas sobre la obra que a nosotras jamás se nos habían ocurrido. ¿Qué pasa si una persona quiere que le devuelvan la ficha porque el peluche cayó afuera? Nosotras no sabíamos lo que podía pasar, es un juego y nadie te asegura que vayas a ganar. Luego entendieron que era parte de la obra, y que esas variables la completan como tal.

 

 

Ámbar: Claro, ustedes presentan una máquina de peluches pero con las reglas distorsionadas. ¿Cómo fue la reacción del público? ¿Se dio la interacción que esperaban?

LSF: La gente se involucra mucho, por ejemplo, diciéndole al otro que vaya a buscar el peluche a la entrada o indicándole cómo y por dónde agarrar el peluche. Se transforma en un juego en equipo, en algo personal. La gente se iba de la maquina con planteos como “ganar es dejar soltar” o “ganar es perder”. Y esa experiencia, ese planteo personal es el que buscamos que genere la obra. Todos los comentarios eran sobre la experiencia vivida.

 

Ámbar: El acento estaba puesto en la experiencia, y no en el objeto como tal. ¿Por qué una máquina?

LSF: Nos dimos cuenta de lo específico que era el sitio, y se nos ocurrió algo que esté relacionado con el restaurant del Proa. Buscamos un elemento totalmente natural para el entorno en el que sería emplazado, como una máquina de peluches en una cafetería. Nuestras obras se plantean más desde la estética relacional, nos interesa la experiencia que vive el público con la obra. Las nuevas variables que surgen en la activación de la obra hacen que la obra se mantenga viva luego de su producción. No controlar estas variables ni a quien interactúa con la obra nos marcó mucho en cuanto a la importancia de la experiencia vivida por el público. Queremos que la gente se apropie de la obra.

 

Ámbar: Se genera un vínculo distinto a la recepción que tiene el público con una obra tradicional. Con una intervención activa de los espectadores, estos se transforman en participantes, en usuarios de la máquina de peluches.

LSF: Es un nuevo concepto de ganar. Porque el que gana, el que agarra el peluche, lo pierde en el momento en que cae por la terraza. Ganas otra cosa, no ganas el objeto.

 

Ámbar: Y el hecho de que coincida con la muy difundida exposición de Cai Guo-Qiang acercó mucho más público a “jugar” con la máquina de peluches.

LSF: Si, eso fue buenísimo. ¡Y Cai Guo-Qiang es un artista increíble! Estaba en medio de la conferencia de prensa del Proa y Cai dice “tienen que ir a la cafetería a ver una obra que hicieron unas artistas jóvenes, y estaría bueno que la prensa apoye estos proyectos”. No podíamos creer que siendo quien es mencione nuestro trabajo.

 

Ámbar: Como artistas vienen trabajando y participando en distintos espacios y convocatorias. Y en ellos han planteado obras de instalación pensadas especialmente para el espacio, como en el C.C. San Martin con la obra #Te quiero decir algo (2014), o la mención obtenida por la obra #No tengan miedo (2014) para BA Site-Specific. ¿Qué ventajas encuentran al trabajar en este tipo de obra?

LSF: Para el C.C. San Martin fuimos convocadas por Mariano Soto para hacer una instalación lumínica en el patio techado a la entrada. Ahí pensamos una obra firmada por LSF, no gestionada por LSF. Nosotras éramos las artistas, y por suerte nos financiaron todo. La instalación, que sigue hasta Mayo de este año, tiene una historia por detrás. La sincronización en la iluminación hace que puedas llegar a entender el mensaje. Es una historia contada a través de la luz.

 

Ámbar: Es muy simbólica, con una gran presencia y uso del ícono. Es un decir y no decir.

LSF: Es un te quiero decir algo pero nunca te lo digo. Es el lenguaje del cambio. Ya no necesitas palabras para expresarte. Es poner en valor las cosas que a mucha gente le parecen una ridiculez.

 

Ámbar: ¿Y con #No tengan miedo que sucedió? ¿Cómo se dio la selección del sitio para la obra?

LSF: El lugar lo elegimos nosotras dentro de una lista de posibles porque nos pareció el más ajeno. Es un meteorito multicolor con rayos laser en el boulevard de una zona industrial y fabril. Una zona gris y obrera donde cae un meteorito de colores. Era una obra de sitio específico por oposición al entorno que ocupaba. Ese objeto se transforma en un inmigrante, en un ovni, en algo ajeno al entorno.

 

Ámbar: ¿Tienen pensado materializar la obra en el sitio designado?

LSF: Ganamos la mención, pero la idea no es construirla. El proyecto lo vemos como una obra, solo falta la realización. Nos gustaría hacerla en otro lado, tal vez en el interior del país. Sería ideal que el meteorito se trasforme en un punto de referencia. Tiene mayor valor por la apropiación que se le puede dar como punto de referencia que como objeto de culto. Cuanto menos contenido simbólico tenga en relación al entorno, más le suma a la experiencia del público. Y el acercamiento a la obra es otro.

 

Ámbar: En la escena cultural porteña cada vez son más los artistas que trabajan el site-specific, un tipo de obra pensada para un tiempo y espacio determinado.

LSF: Al site-specific en Buenos Aires le falta pulirse un poco, porque todo el mundo lo quiere, pero pocos entienden lo que realmente requiere. Es un compromiso con el artista, tiene que haber un presupuesto. Y dejarlo trabajar con libertad. Nosotras trabajamos con la historia del lugar tratando de entender la especifidad del sitio, limpiando el concepto lo más claro posible. La obra tiene que formar parte del espacio. Por eso, si es un patio, hacemos una obra iluminada (#Te quiero decir algo), o si es una cafetería, proponemos una maquinita de peluches (#Te lo prometo). No queremos que la obra este por delante del espacio, sino integrada.

 

Ámbar: Hay una intención de apropiarse del lugar, resignificarlo, trabajarlo en conjunto con la obra.

LSF: Muchas veces cuando te piden un site-specific te cuesta llevar la propuesta adelante porque es difícil encontrar algún anclaje especifico al lugar, ya sea simbólico o arquitectónico. Las galerías de arte no tienen un simbolismo desde donde te puedas posicionar, por eso es raro comisionen obra site-specific. Sino condicionas tu obra al cubo blanco, aunque este también presente posibilidades.

 

Ámbar: Durante el 2014 estuvieron trabajando en espacios abandonados y en desuso, tanto en la convocatoria #Sobre la ruina (Quinta Jacobe, San Fernando) como en la intervención #Bonito recuerdo tangible (Ex Patronato de la Infancia, CABA). Pero en estos casos su rol fue más de gestión que de producción. ¿Cómo plantearon ambos proyectos?

LSF: Después de la casa de Soler nos cayeron muchos proyectos de gestión, porque vieron que en la casona sucedían cosas que se podían realizar en espacios similares en estado de abandono. Fuimos a ver una muestra de graffiti en el Museo de San Fernando, y ahí conocimos a la curadora del Museo. Atrás hay una quinta enorme totalmente tapiada. Nos decían que era peligroso, que no se podía utilizar. Pensamos que podíamos ir a trabajar ahí y luego presentar el registro de lo que sucedió. Le propusimos a la institución armar una convocatoria abierta de producción de ocho proyectos de sitio y tiempo específico.

 

Ámbar: Se registraba todo el trabajo in situ, pero las obras no quedaban dentro de la Quinta Jacobe. Un trabajo que comprendía el tiempo y espacio compartido con la ruina.

LSF: Claro, trabajábamos con un equipo de cinco personas como máximo por proyecto. El archivo se está editando, y vamos a realizar una muestra con ese material el próximo Mayo en el teatro Verdi, en La Boca. Fueron ocho proyectos totalmente diferentes en un lugar con unas cualidades rarísimas. Cada uno vio algo distinto. Lo que hicimos fue convocar, seleccionar y financiar aquellos proyectos que realmente necesitaran de ese espacio específico.

 

Ámbar: ¿Y en el Ex-Patronato?

LSF: Una fundación se propuso realizar un festival de art y nos convocaron desde la parte de Arte Contemporáneo para seleccionar y curar obra de sitio específico.. El lugar es un flash, es gigante e increíble. Ahí trabajamos con un grupo de siete artistas.

 

Ámbar: Hay un atractivo por la ruina, por los espacios en decadencia e incompletos que forman parte de la ciudad, abandonados en el tiempo. Una continuidad a lo que era la casa de Soler en sus principios.

LSF: No es la ruina en sí, sino el espacio olvidado y en desuso. Lo que a vos no te sirve o no usas, si le puede servir a otro. Tiene todo un alcance y una magia. Nosotras no funcionamos produciendo para la ruina, nosotras funcionamos invitando a otros para ver qué les pasa con que espacio. Somos los artistas los que podemos romper con la típica mirada sobre la ruina, somos nosotros los que podemos ir más allá sobre ese espacio no habitado. Nadie te da herramientas, la ruina es una posibilidad.

 

Ámbar: Tenés plena libertad de acción. ­

LSF: Claro, que es lo que no pasa en los espacios tipo formales.

 

 

Ámbar: Y toda esta experiencia ganada trabajando tanto en equipo en la casa de Soler como en convocatorias deriva en el 2015 en una beca del Fondo Nacional de las Artes para investigar el site-specific. ¿Cómo se preparan para todo este trabajo teórico y de reflexión?

LSF: La investigación tiene que ver con la realización de un archivo sobre las producciones site-specific que están realizando actualmente los artistas argentinos en Buenos Aires. Tiene que ver con preguntarse qué carajo es un site-specific, que es lo que está pasando ahora. La idea es sacar una publicación final con el material recopilado, y para eso vamos a convocar un equipo de trabajo. Nos interesa dejar un antecedente de cómo se concibe el sitio específico hoy.

 

Ámbar: Entonces esta plataforma nómade en la que se convirtió LSF, ¿puede adaptarse a distintos roles y situaciones culturales?

LSF: Sí. La idea es ser nómade y escuchar todos los proyectos, tanto las posibilidades como las convocatorias. Nos gusta manejar las cosas a nuestra manera, trabajamos mejor así. Nos encargamos de hacer las convocatorias, ayudar a seleccionar, generar un presupuesto para gastos, pero cuando nos convocan a nosotras para hacer una obra, como en el Proa, nos cuesta desligarnos de esos papeles. Somos un proyecto mutante. ¿Porque necesitamos definir que somos, cuando podemos elegir no hacerlo?

 

Ámbar: ¿Cómo continúa la plataforma LSF durante el 2015?

LSF: En este momento formamos parte del taller de Ana Gallardo (#La Verdi, en La Boca). Ella tiene una propuesta parecida a nosotras, en cuanto a lo experimental y al “no importa tanto el resultado, sino la experiencia”. En LSF tanto como en La Verdi creemos que esa experiencia final tiene que tener ciertos estándares de exhibición. El suceso es importante, sí, pero también el por qué y su significado. Y ahí es cuando un buen montaje, la iluminación correcta y los usos del espacio son importantes. Por otro lado, hay un proyecto desde el Gobierno de la Ciudad para recuperar una zona complicada de La Boca, sobre la calle Necochea. Era una zona de cantinas y burdeles, y el proyecto tiene pensado transformar esos espacios en talleres de artistas. Es un equipo grande donde trabajan profesionales de diferentes rubros. Nos convocaron sabiendo lo que ya hicimos en la casa de Soler. Nosotras nos encargamos de buscar la forma para que esos espacios sean atractivos para los artistas, viendo de qué manera estos espacios pueden ayudar a enriquecer la obra de quienes los habitan.

 

Ámbar: Históricamente La Boca fue un polo artístico, pero se fue deshabitando por distintos motivos.

LSF: Sí, se fue demorando y quedó como una zona relegada. Este proyecto busca desarrollar la parte inmobiliaria, económica y artística de la zona. El contenido artístico está acompañado de obra pública, un plan social, mejoramiento de los espacios que serán utilizados como talleres y seguridad.

 

Ámbar: El fenómeno de gentrificación, es decir, volver “habitable y atractivo” una zona para encarecer luego las propiedades inmobiliarias. Ya ha pasado en otros barrios de la Ciudad.

LSF: Tiene que ir todo encaminado en paralelo. Queremos formar parte de este proyecto porque creemos que va a ser una experiencia enriquecedora para muchos artistas y entendiendo que nuestra parte va a ser cuidar a quienes participen del proyecto. Es una propiedad en la mitad de una zona complicada, y hay que ser muy precavido, pensar bien todas las variables y así generar un programa íntegro en el que el artista participe y colabore. ¿Qué pasa si hacen oficinas para contadores o abogados en esas cantinas? Hay que entender que los estándares para un taller de artista contemporáneo son los mismos.

 

Ámbar: Claro, es que el arte es un trabajo, y el artista es un laburador. Es una lucha constante que existe en nuestro país y de la cual hay que hacerse cargo como actores culturales que somos.

LSF: Es muy difícil como artista adquirir la seguridad para poder entender que tu trabajo tiene que ser remunerado. Lo que para vos es una oportunidad también es una oportunidad para el otro, sea un curador, una institución o una galería. No hay nada de favores gratis, es difícil pero es así. Es un cambio de paradigma difícil.

 

Ámbar: Ya entrado el siglo XXI, con un mercado de arte contemporáneo mundial que mueve cifras, obras y artistas, seguir cuestionando si el arte es un trabajo nos mantiene atrasados y anclados en un paradigma ya obsoleto.

LSF: Hay que mirar otros contextos, donde no se cuestiona el posicionamiento del artista como trabajador. Es una situación extraña para nosotros pero natural para otros. Y no hace falta irse lejos, hablamos de lo que pasa en Brasil. En Argentina tenés que explicar todo el tiempo porque tenés el derecho de ser artista. El arte es un trabajo, y que te paguen por realizar una obra hace que trabajes con mayor libertad.

 

Links de interés:

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Entrevista realizada a La Sin Futuro el 22 de Enero del corriente año en Fundación PROA, La Boca, Argentina.