Anatole: “Bauiernoss es todas las inquietudes, todas las voces que quieren jugar”

Anatole: “Bauiernoss es todas las inquietudes, todas las voces que quieren jugar”

Ingresamos a la galería Carmen Sandiego, ubicada en una de esas construcciones antiguas y majestuosas típicas del centro porteño. Al traspasar la puerta nos topamos con una fotografía en gran formato (125 x 70 cm) que muestra los perfiles y espaldas tatuadas de dos mujeres quienes, a su vez, escoltan a una silueta masculina. El recurso cinematográfico del iris empleado en la fotografía lleva a imaginar a un sujeto observando a través de una mirilla, asomándose a un espacio, a una situación ajena. Así, aquella silueta que corresponde a Anatole, nos da la bienvenida a su singular universo, nos invita a recorrerlo. Así, comienza Bauiernoss.

Se trata de una muestra que consta de un total de 31 obras distribuidas a lo largo de la sala: a la fotografía inicial se le suman tres, en mayor formato aún (177 x 100 cm), y dos conjuntos, formados por 6 y 21 fotografías respectivamente, que presentan obras en formatos menores. Teñidas en blanco y negro, la mayoría de ellas se encuentran acompañadas por intervenciones realizadas por el artista que obran como manifiesto de sus propósitos. Las desprolijas letras negras pintadas en las paredes forman frases al parecer espontáneas pero contundentes. El espectador además, puede llevarse un fanzine que condensa muchas de estas ideas. Por otra parte, puede verse una filmación que, dispuesta como una fotografía más, registra el proceso artístico.

Bauiernoss, anagrama de la ciudad de Buenos Aires, propone un recorrido poco convencional por varios de sus rincones y paisajes. Foto a foto se exhiben los frondosos y abandonados dominios de lo que fue el Parque de la Ciudad, las fronteras indomables de Ciudad Universitaria, y los inmensos bosques de Palermo, entre otros sitios. En todos los casos se trata de escenarios familiares que se tornan extraños al ser presentados desde otra mirada, descontextualizados, sobredimensionados, acompañados con máscaras, o símbolos sufistas como la mujer/murciélago. A diferencia de series anteriores en las que primaba el trabajo en estudio, Bauiernoss privilegia las locaciones exteriores, espacios donde se inserta la experimentación, el azar, lo imprevisto, lo espontáneo de cada sesión fotográfica, más allá de que se parta de un objetivo o idea previa y su respectiva planificación. Por esto, Anatole afirma que en Bauiernoss conviven una dimensión onírica ligada a una documental.

Es inevitable que el apartado de seis fotos presentadas en forma rectangular no nos remita a la exposición de Grete Stern, que actualmente puede verse en Malba. Compartiendo la estética del blanco y negro, el fotomontaje, la desproporción y descontextualización de los elementos, ambos aparecen ligados a una estética surrealista. Pero a pesar de poder establecer hilos relacionales entre estas dos muestras, Anatole se confiesa reticente a las propuestas institucionales. El artista se autodefine como provocador, anarquista y sufista, entre otras categorías. Este afán por desestabilizar, desordenar, y quebrar lo instituido, lo acerca en gran medida al discurso vanguardista moderno. Las reflexiones y críticas hacia el sistema hegemónico así como a la rutina, las normas y el tiempo impuestos por éste, representan un rasgo constante en sus planteos. Los escritos, en formato y tono de manifiesto, ostentan vocablos como guerrilla, revolución, y política, buscando una transformación y rescatando esa función social del arte, tan anhelada y discutida durante todo el siglo XX. 

 

 

Ámbar: Bauiernoss presenta varias rasgos novedosos en comparación a series anteriores: el uso total del blanco y negro, la inserción de fotomontajes y una modificación posterior de las fotografías más acentuada. ¿Cómo se producen estas elecciones? ¿En qué y quiénes te inspirás para pensar, construir tus obras?

Anatole: “Blanco y negro, blanco y negro, pero nunca en el medio”, rogaba Ricky Espinosa. ¡Soy una cabrita geminiana! Sé bailar en pisos dameros. Me inspiro en la gente que vive en la calle y usa hojas de diario para poder calentar su cuerpo. Me inspiro en los sueños, en los poetas enamorados de la muerte, en la muerte enamorada de los poetas. Trascender todo límite. Amigables monstruos de cuatro brazos, los cuerpos que poseen ambos sexos y cruzar el espejo. Pero que haga fotos en blanco y negro no quiere decir que no vea la vida en colores. ¡Hasta el apocalipsis siempre!

 

Á: Ahora bien, sabemos que venís trabajando en este proyecto desde hace tres años, ¿qué modificaciones hubo en este recorrido? ¿El resultado terminó siendo el que esperabas?

A: Soy inmensamente feliz. Me siento capaz de realizar todo lo que me proponga y mi imaginación no desea límites. Cada paso que doy me acerca a aquello que allí veo, que aquí está y estuvo siempre presente, esa omnipresencia que innegablemente precisa y pide de uno mismo una constancia, una lealtad alimentada día a día, cruzar umbral tras umbral con valentía. Aprender eso es ya un triunfo. Cierto es que el contexto en el cual di comienzo a esta obra no era el más feliz pero sí era el más propicio. Aquellos instantes tiernos en los que sentís que no tenés nada más que perder, ¿qué mejor? Te entregás por completo. Cierto es también que probé otros caminos previamente en vano, buscando una estabilidad emocional, una tregua económica y demás. Pero una especie de Zeus irascible me bombardeó con fuertes rayos cada vez que intenté jugar a esa probable normalidad devolviéndome una y otra vez al que parecía mi camino. Al que es mi camino. Mi vida y mi obra danzando juntas en un campo de girasoles. Al recorrer las calles de Bauiernoss sin dudas me fui fortaleciendo y así junto a todos los participantes de esta locura creímos cada vez más en este discurso, en esta acción. Es definitivamente una realidad el reino soberano y surrealista de Anatolia. El triunfo de la imaginación tangible. Pero esto sigue siendo un comienzo, apostamos por más, siempre mucho más.

 

Á: Hacés referencia a Bauiernoss como un punto cúlmine en tu tránsito como artista, ¿qué elementos determinan esta madurez?

A: Sin dudas, inicialmente fue un proceso de absoluta depuración, en muchos sentidos. Y cuando ves así de claro podés tocarlo todo. Hay una frase muy interesante de Alfred Stieglitz que siento más que acertada, entre otras cosas dice: ”El espíritu de mi obra ‘temprana’ es el mismo que el de mi obra ‘tardía’.” Eso lo puedo ver aplicado en mi obra, en los proyectos Resbina y Dernier ya se podían apreciar elementos que trato en Bauiernoss. La intención sigue siendo la misma, pero en ese transitar hubo innumerables cuestiones que se fueron puliendo cada vez más. Me inicié en la fotografía de la mano de cámaras analógicas, tiempo después seguí defendiendo el formato sintiéndome casi un romántico del celuloide en tiempos de tecnologías digitales. Me costó mucho el traspaso. Tal vez fue por el simple hecho de ser parte de la última o una de las últimas generaciones analógicas, de chico tuve varios años tele en blanco y negro y tardé mucho en tener una computadora por ejemplo. O por lo grato que fue para mí llegar a tener mi propio laboratorio, experiencia maravillosa. Años después, y muy paulatinamente, fui probando cámaras digitales, me fui animando a ese nuevo mundo en el que no quería aterrizar. Y haciendo un repaso de esos años siento que fue un volver a empezar, la estética radical de esos proyectos citados se vio un tanto alterada en proyectos como Femmes, en el cual por momentos, sinceramente, me perdí un poco. Pero es parte de la experiencia. Al finalizar ese proyecto hice una profunda reflexión sobre las texturas y las estéticas que venía trabajando. Lo mismo hice en cuanto a la decisión de trabajar en interiores o exteriores y, principalmente,  en cuanto a la metodología de producción, cómo se generaban los diálogos, hasta dónde permitían expandirme, cuánto cedía. Había caído en un peligroso piloto automático de comodidad. Y eso no era lo ideal para mí. Siento que en Bauiernoss logré unir lo mejor de esos distintos estadíos, aprender de los experimentos que no resultaron tanto como pretendía, y no es poca cosa. Y así más enfocado fui descubriendo mejores resultados. Al poder sacarle las rueditas a la bicicleta pude volar. Hoy soy muy consciente de una estética que me identifica, cada elección acertada en cuanto a tonos, texturas, ángulos, perspectivas, etc. Es el día de hoy que me maravillo ante el dominio que estoy logrando en cuanto a lo geométrico en las composiciones. Es una gran satisfacción. Pensando en los medios con los que uno puede contar para los procesos de elaboración, más allá de mejoras económicas siento que sigue siendo la misma actitud. Me manejo con mucha comodidad en esa incomodidad manteniéndome en un lugar lo más despojado posible, utilizando lo que encuentre, dando lugar también al azar. Si tenés firme el concepto podés brindarte a esa libertad de buscar y encontrar en el vivo. Esos elementos mágicos que encontrás en la calle son tan preciados. Creo que eso puede considerarse una marca registrada también, he sabido aprovecharlos al máximo. Si el discurso es tan vivo, si está marcado en tu piel, la locación física y material se ve inevitablemente seducida por tu imaginación y así podés ver todos los ángulos posibles simultáneamente y tener una destreza magistral. Si te plantás con una modelo en pleno microcentro atestado de oficinistas pero estás seguro de lo que querés decir, lográs escuchar el silencio, anticiparte a todos los movimientos externos y tus ojos realmente dialogan firmes con el mundo. Bauiernoss no es sólo un proyecto artístico de fotografías, es la vida misma. Es todos los secretos, todas las inquietudes, todas las voces que quieren jugar.

 

A: Gran parte de las fotografías que conforman Bauiernoss fueron tomadas en exteriores. ¿Qué te atrae de trabajar en este tipo de locaciones?

A: Las sutilezas del caos. Cómo un pequeñísimo elemento que no encaja en esa repetición agobiante que pretende la vida de esta sociedad puede ser tan fructífero, todo lo que dispara, nuestros ojos, los otros ojos, el miedo a lo desconocido es terrible. Me entusiasma la adrenalina y ver qué respuesta surge en la gente que esté allí. ¡Por suerte siempre nos sale bien! ¡Además mi casa/estudio es en Belgrano y últimamente suelo despertarme con la cama flotando en el agua! A veces cuando voy en el subte con toda la gente apretada, sin respirar, me sorprende que nadie pero nadie mire a los demás y yo busco sus caras con una sonrisa, sin resultados. ¡Hola! O, no sé, ¿por qué en vez de maldecir todo el recorrido no se besan si están tan juntitos? ¡Amor libre subterráneo! Una vuelta, hará unos meses, luego de hacerme un tatuaje bastante grande en la pierna, entre el mareo natural de perder sangre y ese aire no aire que nos ofrece “está bueno buenos aires” me terminé desmayando en las escaleras, mientras mi cuerpo se entregaba al golpe del cemento lo único que pude escuchar fue un “¡no lo toquen!” y así la gente me dejó allí sin cuidado y no tuve más opción que tirarme terrible siesta en posición diagonal. ¡Yo no la recomiendo!

 

Anatole y las mujeres

 

El componente femenino es una constante en los proyectos de Anatole, y esta serie no es la excepción. Las mujeres que habitan las escenas se erigen en algunos casos como presencias fragmentadas, fetichizadas, ambiguas y en otros casos, como figuras acechantes, siniestras, fantasmagóricas. Lejos de componer un paradigma homogéneo y unificado, ellas interpelan al espectador permanentemente, originando en él múltiples interpretaciones y reflexiones.

 

Á: ¿Qué parte del universo de la mujer te interesa mostrar? ¿Cómo describirías a las mujeres presentes en tus obras?

A: La mujer, a diferencia del hombre, es implosiva, y ese misterio, esa profundidad, es más que interesante para nadar. Ay ay ay Anatole, el artista de bigote y manos de mujer. ¡Platón tenía razón! La otra noche unas amigas vinieron a la muestra y luego salimos a pasear. Al final de la noche una de las chicas entró en la cuenta que al volver a su casa no tenía nada, ni café para poder alimentarse, pero sí tenía el enorme deseo de ir a abrazar a su gatito, esas chicas me caen bien. En las mujeres entro por los ojos, lo demás es el camino que se recorre. Son mujeres que se refugian en su infancia, que sonríen a la oscuridad, que comparten risas. Abrazan la naturaleza, escuchan sus sueños, reclaman a gritos su libertad. Escapan a los valores del consumismo y juegan a las escondidas en bosques. Fantasean con robar un auto sólo para estrellarlo. Reinvidican el vandalismo. Están cómodas en su locura. Yo sólo las escucho y les doy libertad para que sean sí mismas.

 

Las protagonistas de sus imágenes, explica Anatole, son seleccionadas a través de un cuestionario y charla previas, procesos que suponen un análisis de carácter psicológico y filosófico. Es que no busca formar una agencia de modelos ni promete un book al estilo publicitario sino que más bien la propuesta se sostiene a través de una búsqueda de afinidades, inquietudes compartidas que van más allá de los modelos prefabricados. “Mis sesiones tienen esa cualidad hermosa de forjar amistades genuinas que permiten que todo se desarrolle de manera tan natural y relajada, y eso para mí es tan importante como el resultado logrado. Hay una trascendencia múltiple. Nos divertimos trabajando, siempre. A mí no me interesa hacer una selección de participantes por su físico, nunca lo vi así y nunca me saldría de esa manera. No es el trabajo que desarrollo. Sí me interesan los diálogos que se producen, la comunión real de discursos (…) Como el 99% de mis modelos no son modelos debo buscar ese plus para encontrar el lugar adecuado que motive su expresión y el resultado será mucho más rico”.  Es precisamente la expresión de la modelo -o, como le gusta decir a Anatole, participante-, lo propio de cada una, su subjetividad, lo que da a sus obras un condimento documental (dado también por el elemento azaroso, mencionado anteriormente). 

 

Á: Observamos en Bauiernoss dos tipos de mujeres diferentes. Por un lado, aquellas que presentan una imagen fuerte, cargada de maquillaje, redes, cuero y tatuajes, y, por el otro, mujeres muy despojadas, al natural. ¿Las elecciones de cada estética son orientadas por los intereses de las mujeres participantes o responden a una decisión a priori?

A: Lo que está arriba está abajo, lo que está abajo está arriba. Todo esto es el resultado de esos diálogos, de ese descubrir. En sus palabras siempre hay algo que se destaca y allí vamos. Cómo entra cada uno de los participantes en este mundo, qué lugar se elige, siempre en libertad y reciprocidad. Pero creo que siempre son mujeres fuertes en definitiva, en diferentes estadíos, pero siempre con carácter. Las prefiero así. Yo me hago pis viendo en las pelis de Godard a Anna Karina, tan elegante, fría, dulce, imperfecta y perfecta.

 

Á: Tus obras ponen en tensión, problematizan los cánones de belleza instalados. ¿A qué conclusiones o reflexiones arribaste a través de tu experiencia como artista hasta el momento?

A: “Give me a number of a girl almost like you, with legs almost like you. I’m buried deep in mass production”. Al tener todas estas charlas previas, al tener una llavecita para cada mente, vas encontrando una y otra vez cómo cada una de ellas de alguna manera sufre por estas cuestiones de lo físico y la aceptación. Hay una obligación expectante para con cada mujer que no debería existir. La belleza, el sentirse bien, debe ser con uno mismo, no para los otros. ¡Abajo la cera! Como tampoco deberían existir las frases invasoras o los manoseos públicos. La mujer como producto plástico de consumo masivo. La mujer como objeto de lujo dentro del paquete de éxito. El prestigio de mostrar el culo por televisión. ¡Bravo! El desnudo es una estética que he trabajado a lo largo de mi obra, pero desecho toda intención de provocación desde la carne, gusto más de la desnudez del alma representada en el cuerpo, la fragilidad y la lucha, el ver la vida desde un acantilado del fin del mundo. ¡Cuánto más rico es descubrir en la diversidad de formas y en la asimetría! 

 

Bauiernoss es mucho más que una muestra que tiene por eje la urbe porteña. Ante todo es un acto de rebelión, una manifestación que busca cuestionar los cánones de belleza instalados, desnaturalizar ciertos modos de ver, y que al mismo tiempo reza por un arte colectivo, que integre tanto al artista como al modelo y al receptor, situándolos a los tres en una posición activa, creadora y siempre cambiante.

 

Entrevista realizada por

Inés Moguillanes: Estudiante avanzada de la Lic. Artes Combinadas en la UBA. Redactora en medios digitales.

Victoria Do Campo: Estudiante avanzada de la Licenciatura y Profesorado en Artes Plásticas en la UBA.